Poca producción, algo de especulación y mucho postureo: la receta que hace subir el precio del café

Un trabajador cafetero en Colombia.

Desde el bar en el que desayunamos, hasta el mercado de futuros de en Wall Street (EE UU) hay una maraña de operaciones y actores financieros que determinan el precio de tu café. Y resulta que últimamente el café normal, ese que se sirve sin filigranas ni especialidades, ha aumentado su precio hasta niveles nunca vistos. Desde finales de 2024 el precio de este producto en los mercados ha dibujado una curva ascendente que concluyó en cifras récord a comienzos de año, llegando hasta 4,34 dólares por libra en febrero, desde los 1,8 en los que estaba a finales de 2023. “Hoy en día estamos viendo que el café está disparado en cuanto a consumo y en cuanto a potencial”, explica Josep Ragull, profesor de economía de OBS Business School. 

Las causas, muy resumidas, son una oferta contenida, un mercado global comprometido por los conflictos y una demanda que gana adeptos en todo el mundo. Del clásico cortado, al café infusionado con nitrógeno o las modas bautizadas con anglicismos como el cold brew —variante hipster del café con hielo—, pasando por los cafetales como destino turístico o el postureo del take away, hay cientos de rincones de donde sacar dinero y los inversores lo saben. “Está habiendo un fenómeno parecido a lo que ocurrió con el vino en los años 90, cuando empezó a haber una pequeña revolución en torno a la cultura vinícola, con bodegas de diseño, zonas para hacer catas, museos o centros de visitantes”, apunta el profesor.

La evolución en los mercados deja un incremento en la cotización en torno al 130% entre enero de 2024 y el mismo mes de 2025. Una dinámica que llega rápidamente desde los mercados hasta las barras de las cafeterías. De hecho, en España el precio de esta bebida ha aumentado muy por encima del Índice de Precios al Consumo (IPC), llegando a incrementarse su importe un 9,8% en enero, frente al mismo mes del ejercicio anterior. Las razones de esta escalada en el precio hay que buscarlas en los países productores, pero también en el juego especulativo de los inversores y en un panorama geopolítico que algunas veces hace tropezar al comercio internacional.

“Como cualquier otra materia prima agrícola, el café se ve condicionado por los factores climáticos en las regiones de producción. Un ejemplo es la sequía que afecta a importantes países como Vietnam y Brasil”, explican a infoLibre desde la Asociación Española del Café. Hay que destacar el caso de Brasil, principal productor mundial de café, que afrontó en 2024 a su peor sequía en 70 años. Por otro lado, España importa café verde desde más de 50 países y el camino para llegar se ha vuelto más tropezoso. “El conflicto entre Israel y Palestina está afectando a nuestras importaciones de café del Sudeste Asiático y de países africanos cuyo transporte se ha desviado por el Cabo de Buena Esperanza en lugar de ir por el Canal de Suez, lo que ha conllevado retrasos en las entregas de las partidas importadas y aumento de los fletes marítimos”, explican desde la asociación. 

“Hay varias cosas que influyen, primero la restricción de la oferta por la climatología o que en Nicaragua, por ejemplo, también han tenido una quiebra del principal exportador y eso ha hecho bajar la oferta en este 2024. Ha sido una especie de tormenta perfecta”, explica Josep Ragull.

En España el consumo medio per cápita es de 4,12 kilos al año, lo que equivale a unas 550 tazas de café por persona, según las cifras de la Asociación Española del Café. La mayoría de lo que tomamos es producto importado, en concreto, entre 2022 y 2023 llegaron 306.000 toneladas de café verde, procedentes principalmente de Brasil y Vietnam. Les siguen en esta lista de proveedores Uganda, Colombia e Indonesia.

Apuestas en el mercado

¿Por qué no bajan los precios en el súper?

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Desde el punto de vista macroeconómico, en el comportamiento de los precios de esta materia prima influyen las inversiones en el mercado de futuros. Esto consiste en la compra o venta de contratos que fijan un precio sobre el producto en una fecha futura. Los inversores ponderan la evolución del mercado y apuestan a que el precio subirá o bajará antes de la expiración del contrato. Si creen que el café aumentará de valor, compran futuros a precio corriente para venderlos más caros después. Por ejemplo, compran a precios de 2019 un café que se venderá en 2025. Esto proporciona cierta estabilidad al productor, que asegura la venta, y beneficio económico al inversor si el mercado va al alza. “Esto ha funcionado muy bien porque desde el año 2019, después de la pandemia, la demanda ha aumentado y la oferta se ha mantenido estable, porque realmente no hay cultivadores nuevos de café”, señala Ragull. “Esto lo que hace es inflacionar el precio del café”, concluye.

Otro factor que ha contribuido a esta carrera de compras, matiza el profesor, es el hecho de que el año próximo entra en vigor una normativa europea contra la deforestación que podría limitar la capacidad de compra de las corporaciones o establecer tasas. “Estos movimientos también provocan especulación y que muchas empresas hayan comprado existencias antes de que la ley se implementase, precisamente para evitar limitaciones o cuotas”, afirma.

Pero hay más factores que deben considerarse, como el miedo a los aranceles que anunció Donald Trump o el hecho, nada desdeñable, de que está de moda. El interés por el café de especialidad, por variedades de mayor calidad y, por tanto, más caras, hace que el precio medio suba. Sin embargo, para el experto, no debe cundir aún el pánico entre los más cafeteros. Así, cabe esperar que los precios disparados no nos amarguen el café de media mañana en 2025: “No son sostenibles y a medida que se incorporen las cosechas de este año y el stock de los inversores vaya bajando, los precios tendrían que estabilizarse”, concluye.

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