China tiene un plan para liderar la carrera por la IA tras la irrupción en el mercado de DeepSeek

El presidente Xi Jinping y el logo de DeepSeek.

François Bougon (Mediapart)

A finales de enero, la empresa emergente china DeepSeek se dio a conocer tras revelar un modelo de inteligencia artificial (IA) que parece mucho más económico y eficiente que el de sus competidores americanos. Aunque algunos afirman que el coste de su inversión es mucho mayor que los 5,6 millones de dólares que dicen (según la web especializada SemiAnalysis, DeepSeek gastó alrededor de 1.600 millones de dólares solo en servidores), no es menos cierto que esa proeza tecnológica ha sido bien recibida, incluso en Estados Unidos, donde la novedad provocó algo de pánico.

En efecto, demuestra la capacidad de la innovación china, todavía bastante desconocida en Occidente, o incluso subestimada, para competir con Silicon Valley, incluso en un contexto autoritario. Algunos incluso han hablado de un “momento Sputnik”, en referencia al lanzamiento al espacio por parte de la Unión Soviética del primer satélite artificial en octubre de 1957, que abrió el camino a una “carrera espacial” entre las dos grandes potencias de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética.

Así lo cree un especialista en el sector, Miles Brundage, quien subraya que el momento Sputnik de 1957 “no demostró que la Unión Soviética estuviera por delante en todos los ámbitos, sino que llegar al espacio era factible para países avanzados y decididos”.

Si lo entendemos en este sentido, lo que muestra DeepSeek es que la “carrera de la IA” está lejos de terminar y que la tecnología americana, convencida hasta ahora de su dominio, debe “despertar”, como dijo el presidente Donald Trump. Esto va mucho más allá de DeepSeek, incluso cuando sus aplicaciones ya están siendo criticadas en Occidente por sus sesgos y la censura de temas considerados sensibles por el Partido Comunista Chino (PCC), y son vistas como un problema de seguridad nacional en algunos países.

Pero se ha prestado menos atención a otro aspecto, el de los “costes humanos” de DeepSeek, como se destaca en un estudio realizado por DiPLab (Digital Platform Labor), un grupo de investigación interdisciplinario creado entre otros por Antonio Casilli, sociólogo que enseña en el Instituto Politécnico de París y autor de En attendant les robots (Esperando a los robots, edit. Le Seuil, 2019).

Una mano de obra oculta

Según los autores de este estudio (Antonio Casilli, Thomas Le Bonniec y Julian Posada), “DeepSeek promete tal vez una automatización que permita ahorrar mano de obra, pero, como todos los modelos de IA, se basa en el trabajo humano”. Cuenta con el uso masivo de mano de obra explotada y precaria empleada en tareas de etiquetado (o anotación) de datos, que luego se utilizan para entrenar modelos de aprendizaje automático (machine learning). “El prodigioso rendimiento de DeepSeek no tiene nada que ver con avances técnicos, ni siquiera con el robo de propiedad intelectual, como insinúa Sam Altman [director general de OpenAI, ndr], sino con el uso de mano de obra oculta pagada con salarios miserables”, señalan.

En enero, la agencia oficial china encargada de la gestión macroeconómica, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, publicó su proyecto de desarrollo de la industria de la anotación de datos, con el objetivo de alcanzar una tasa de crecimiento anual de más del 20 % para 2027. “Este enfoque posiciona la anotación de grandes modelos de lenguaje, simbolizados por proyectos como DeepSeek, como eje tecnológico central”, indican los autores del estudio del DiPLab.

La aceleración del desarrollo de una nueva generación de IA es una importante vía estratégica para que China tome la iniciativa en la competición mundial en materia de ciencia y tecnología

Xi Jinping en 2017

Esto forma parte de una política que comenzó ya en 2017. Un año antes, China había vivido su primer momento Sputnik, pero por otro lado, una inteligencia artificial, AlphaGo, había derrotado a campeones de go, un juego inventado justamente en China. Eso hizo abrir los ojos a las autoridades chinas, que se lanzaron entonces a la batalla de la IA para no quedarse por detrás de los países occidentales.

El líder del país, Xi Jinping, había decidido dar prioridad nacional a la IA, con el objetivo de garantizar la autosuficiencia tecnológica del país y dejar de depender de los chips de su rival americano. En 2017 se presentó un plan con el objetivo de situar al país como líder mundial en 2030. Un año después, en octubre de 2018, Xi presidió una sesión de estudio del buró político dedicada a la inteligencia artificial. “La aceleración del desarrollo de una nueva generación de IA es una importante herramienta estratégica para que China tome la iniciativa en la competición mundial en materia de ciencia y tecnología”, subrayó en esa ocasión.

La irrupción de DeepSeek es sin duda una de las consecuencias de esta política voluntarista, dice Marina Zhang, profesora asociada del Instituto de Relaciones Australia-China de la Universidad Tecnológica de Sídney. Para la coautora del libro Demystifying China's Innovation Machine: Chaotic Order (Desmitificando la máquina de innovación de China: un orden caótico), “el éxito de DeepSeek y la evolución del ecosistema tecnológico chino en general apuntan a una nueva era de liderazgo chino en innovación en el campo de la IA”.

“Importantes iniciativas gubernamentales, como el ‘plan de desarrollo de IA de nueva generación’ [en 2017, ndr], combinadas con universidades de primer nivel y una amplia cantera de talentos cualificados en IA, han transformado a China, que ha pasado de ser un seguidor a un verdadero innovador”, añade.

Seguridad y vigilancia

Eso también contradice la idea de que la innovación no puede prosperar en un contexto en el que no se garantiza la libertad de pensamiento. “Aunque el Partido Comunista Chino ejerce una estrecha vigilancia, también prioriza la IA y otros sectores estratégicos, proporcionando considerables recursos y apoyo político”, explica Marina Zhang.

“Los logros de DeepSeek demuestran que los emprendedores pueden seguir innovando en ese marco estatal, aprovechando los mejores talentos universitarios, la colaboración en software libre y las regulaciones pragmáticas y flexibles para estimular la investigación y el desarrollo, y los vínculos entre el mundo académico y la industria”, añade.

Pero, como antes con lo digital, el Partido Comunista Chino también utiliza la IA como motor de crecimiento y como instrumento de control político.

Los órganos de seguridad han utilizado herramientas de reconocimiento facial para controlar a la población uigur, la minoría turca y musulmana del noroeste de China. En este sentido, la provincia de Xinjiang se ha convertido en un laboratorio de opresión de alta tecnología.

En su versión china, el “capitalismo de vigilancia” —teorizado por Shoshana Zuboff en base a casos de Facebook, Google y Microsoft— prospera gracias a la enorme cantidad de datos proporcionados por las aplicaciones de Alibaba y Tencent, que los chinos utilizan en su vida cotidiana, desde el transporte hasta el pago, pasando por el entretenimiento y la información. Y coopera estrechamente con la seguridad del Estado.

“Ninguna empresa tecnológica próspera puede existir durante mucho tiempo en China sin demostrar su utilidad para el Partido Comunista”, señaló en 2023 el periodista Josh Chin, autor del libro Surveillance State: Inside China's Quest to Launch a New Era of Social Control (Estado de vigilancia: la búsqueda de China para iniciar una nueva era de control social, edit. St Martin's Publishing Group). “Una vez que Alibaba y Tencent comprendieron que podían vender sus datos al gobierno como una bola de cristal del comportamiento, se convirtió en un elemento esencial de su modelo económico. Y en un país donde el presupuesto de seguridad nacional rivaliza con el del ejército, es una actividad lucrativa, incluso si se hace caso omiso de la necesidad política”.

En un informe de 2019 titulado “Inteligencia artificial: derechos humanos, justicia social y desarrollo”, la investigadora Angela Daly señalaba que “el uso de la tecnología de reconocimiento facial contra los uigures y otras minorías en Xinjiang, centrado en criterios étnicos y religiosos, muestra cómo, a pesar de la retórica oficial sobre la ética de la IA, ésta se utiliza en China y en diferentes partes del mundo para reforzar, y a veces exacerbar, las desigualdades existentes”.

DeepSeek, un arma para que Europa se sume a la guerra por el control de la inteligencia artificial

DeepSeek, un arma para que Europa se sume a la guerra por el control de la inteligencia artificial

Para representarlo en la cumbre sobre inteligencia artificial organizada por Francia, Xi Jinping, presidente de la República Popular China y secretario general del PCCh, envió a Zhang Guoqing, ex alcalde de Tianjin. Miembro del buró político del Comité Central del PCCh y viceprimer ministro, Guoqing hizo carrera en Norinco, un gigante de la industria de defensa que trabaja en la creación de armas alimentadas por IA. Todo un símbolo.

 

Traducción de Miguel López

Más sobre este tema
stats