Rumanía, de nuevo en campaña electoral tras la exclusión del favorito de la ultraderecha

En su resonante discurso de Múnich (Alemania) en febrero, J. D. Vance puso el foco de atención mundial en la política rumana. Ante un grupo de responsables europeos, el vicepresidente de Estados Unidos criticó la decisión de Bucarest de anular las elecciones presidenciales del 24 de noviembre, “basándose en las débiles sospechas de una agencia de inteligencia”. Antes de sentenciar: “Si vuestra democracia puede ser destruida con unos cientos de miles de dólares de publicidad digital de un país extranjero, entonces no era muy fuerte”.
J. D. Vance se refería a los resultados obtenidos por Călin Georgescu, candidato independiente de extrema derecha, hostil a la ayuda a Ucrania, conspiranoico, contrario a las vacunas y nostálgico de Ion Antonescu (el Pétain rumano), que había obtenido cerca del 23 % de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
El Tribunal Constitucional de Bucarest anuló posteriormente, el 6 de diciembre, la segunda vuelta, impidiendo así la probable coronación de Georgescu. Los jueces habían destacado, en particular, “la injerencia de un Estado”, pero sin nombrar explícitamente a Rusia y sin aportar pruebas exactas de la injerencia rusa.
Las declaraciones del vicepresidente de Estados Unidos no han aportado nada al malestar general de la sociedad civil rumana, ni al de una parte de la clase política, ante la proximidad de las nuevas elecciones presidenciales, reprogramadas para el 4 de mayo. Luego, el 10 de marzo, la comisión electoral rechazó la candidatura de Georgescu para las próximas elecciones. Una “decisión totalmente ilegal”, afirmó el interesado, fanático de las prácticas New Age, mientras que Elon Musk y J. D. Vance se apresuraron otra vez a echarle una mano, cargando contra las autoridades que “cancelan elecciones cuyos resultados no les gustan”.
La decisión de la comisión electoral era la esperada, sobre todo después de la acusación formal de Georgescu a finales de febrero. Se le acusa de numerosos delitos: declaraciones falsas sobre sus cuentas de campaña (se jactó durante la campaña de no gastar ni un euro), apología del crimen de guerra (debido a sus referencias al movimiento legionario fascista de Rumanía durante el periodo de entreguerras) o incitación a acciones anticonstitucionales.
Sospechas
La investigación, aún en curso en Bucarest, ha permitido encontrar elementos sobre la financiación de su campaña electoral, en particular a través del papel, bien identificado por los periodistas desde el año pasado, del influencer de TikTok Bogdan Peschir, que ha hecho parte de su fortuna en criptomonedas. Una serie de registros también permitió encontrar conexiones entre Georgescu y antiguos miembros de la Legión Extranjera francesa, entre ellos el franco-rumano Horațiu Potra, patrón de una empresa de mercenarios, y que se aprovecha de su parecido físico con Evgueni Prigojine, el fundador del grupo paramilitar ruso Wagner, fallecido en 2023.
Se sospecha que Potra preparó con tiempo la campaña de Georgescu y buscó su financiación. Aunque los investigadores han establecido que viajó a Moscú dos meses antes de las elecciones de noviembre, en este momento aún no se ha establecido la relación directa de la campaña de Georgescu con Rusia. A mediados de marzo, el Financial Times publicó una tribuna en la que se afirmaba que “hubiera sido mejor que a Georgescu se le permitiera presentarse en mayo, con sólidas garantías de protección institucional”.
Recogiendo las exigencias de la sociedad civil de Bucarest desde hace meses, el diario británico añade: “Las autoridades también deberían hacer públicas el mayor número de pruebas posible. Los muchos votantes de Georgescu el año pasado merecen una explicación completa y convincente de por qué no podrán volver a votar por él esta vez”.
¿Adónde irán los votos de Georgescu?
La descalificación de Călin Georgescu, un escenario inédito para un país de la Unión Europea (UE), ha trastocado el panorama electoral. En este momento han sido validados para competir diez candidatos. Y es George Simion, copresidente de AUR (Alianza para la Unidad de los Rumanos, sigla que también significa “oro” en rumano), quien lidera las encuestas. Espera recuperar los votos de los que en Rumanía se conocen como “soberanistas”.
Simion, cuyo partido quedó en segundo lugar en las elecciones legislativas de diciembre (18 %), también se benefició de la retirada de otra candidata de extrema derecha, Anamaria Gavrilă, que había sorprendido en las mismas elecciones legislativas al obtener el 6,5 % de los votos al frente de una nueva formación, el Partido de la Juventud (POT). En cuanto a Diana Iovanovici Șoșoacă (SOS Rumanía), con un discurso aún más radical que el de Georgescu, la comisión electoral le ha impedido presentarse, como en otoño. Simion parece tener, por tanto, ofrecer vía libre a la extrema derecha.
Para Bruselas, el candidato de AUR muestra una actitud más pragmática que Georgescu. No duda en criticar a Moscú: “La Rusia de Putin constituía, y sigue constituyendo, una de las principales amenazas para los Estados europeos, y en particular para nosotros, para los Estados bálticos y Polonia”, declaró en marzo, lejos de las declaraciones anti-UE y anti-OTAN de Georgescu. Simion fue elegido en enero como uno de los tres vicepresidentes del ECR, el partido de los conservadores y reformistas europeos, alineado con la presidenta del Consejo italiano, Giorgia Meloni.
El ex primer ministro Victor Ponta hace campaña destacando su cercanía con Donald Trump y sus viajes a Mar-a-Lago
Pero queda por ver si funcionará plenamente la transferencia de votos de Georgescu a Simion. El primero había sido miembro de AUR durante un tiempo antes de ser expulsado, considerado demasiado sulfuroso tras haber defendido a varias figuras fascistas rumanas de entreguerras. “Algunos votantes de Georgescu están cabreados y simplemente boicotearán las elecciones”, predice Ioan Horga, politólogo de la Universidad de Oradea, contactado por Mediapart. “Otros se decantarán por Simion. Pero algunos también podrían optar por candidatos como Victor Ponta o Nicușor Dan”.
Victor Ponta no es ningún desconocido: fue primer ministro (2012-2015), miembro del Partido Socialdemócrata (PSD), se presenta como independiente y se ha radicalizado, asumiendo un giro trumpista. Ponta ahora hace campaña destacando su cercanía con Donald Trump y sus viajes a Mar-a-Lago, la residencia privada del presidente de los Estados Unidos.
En cuanto a Nicușor Dan, el actual alcalde de Bucarest, espera recoger votos de los decepcionados de los dos grandes partidos tradicionales (además del PSD, los liberales del PNL). Pero tiene la competencia de la experiodista Elena Lasconi, candidata de la coalición USR (Salvar Rumanía), que quedó segunda detrás de Georgescu en noviembre (19 % de los votos) y que sigue convencida, a pesar de las encuestas, de poder repetir la actuación.
En este panorama fragmentado, el PNL y el PSD, que han gobernado juntos durante tres años en una coalición sin precedentes, se han aliado en torno a una candidatura única, la de Crin Antonescu. Pero este liberal intenta despistar presentándose también como candidato independiente, ya que existe una intensa repulsa hacia los partidos tradicionales, agotados y en gran parte corruptos. El declive de esas dos formaciones, documentado por muchos especialistas, explica sin duda, más que la injerencia rusa, el fulgurante ascenso de candidatos extremistas en el país.
Para Ioan Horga, la situación política parece no obstante un poco más estable de lo que estaba en diciembre y enero. Especialmente desde que el presidente, Klaus Iohannis, muy cuestionado por su gestión de la presidencia, terminó dimitiendo de su cargo, siendo sustituido por Ilie Bolojan, que ocupa el cargo accidentalmente hasta las próximas elecciones.
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Bolojan ha establecido nuevas normas de transparencia sobre los gastos de la presidencia y del gobierno, y ha creado un sistema de conferencias de prensa periódicas. También ha dejado huella al publicar la semana pasada los detalles de los gastos de viaje de su predecesor, que se negaba a hacerlo. Klaus Iohannis hizo 193 viajes al extranjero, a menudo en jets de lujo, durante diez años de mandato, que han costado casi 23 millones de euros a los contribuyentes rumanos. “Sea cual sea la identidad del futuro presidente, Bolojan ha establecido marcos para una institución más transparente, que ahora deberán respetarse”, quiere creer el profesor Ioan Horga.
Traducción de Miguel López