Sarampión y tuberculosis, las enfermedades que se creían erradicadas pero que repuntan por los antivacunas

Señalización de Urgencias en el Hospital Universitario La Paz, en Madrid (España).

Menos de un mes después de que Donald Trump volviera a la Casa Blanca y empezara a firmar decretos deshaciendo todo el legado Biden, el Senado de Estados Unidos nombraba al que sería su secretario de Sanidad. El nombre no sonó por sorpresa, puesto que el republicano ya le había designado para el puesto antes incluso de ganar las elecciones. Robert F. Kennedy Jr. no fue un nombramiento casual. Representa el activismo antivacunas del que el presidente de EEUU ha hecho gala en no pocas ocasiones. Aunque, eso sí, dijo estar a favor de algunas inmunizaciones esenciales como la que lucha contra el sarampión. Una enfermedad que, sin embargo, ya ha puesto en jaque a los estados de Texas y Nuevo México con más de 200 casos y dos muertes confirmadas. 

Un hecho no se puede desligar del otro. Las dos personas fallecidas por el virus no estaban vacunadas y los casos se están multiplicando prácticamente al mismo tiempo que las tesis anticientíficas que también devolvieron a Trump a la Casa Blanca. No puede situarse al mismo nivel, pero en Europa está ocurriendo algo parecido. El continente registró en 2024 la cifra más alta de contagios de esta enfermedad de los últimos 25 años y la explicación está en que en muchos países de nuestro entorno también han crecido quienes se oponen a la vacunación. O al menos los que se muestran, como mínimo, reticentes o dudosos, explica la epidemióloga del Centro Nacional de Epidemiología Noemí López Perea.

Pasa en Rumanía, pasa en Italia, pasa en Alemania, pasa en Francia y pasa, también, fuera de Europa como, por ejemplo, en Marruecos. Y eso, inevitablemente, acaba llegando a España. De ahí el incremento de casos del que ya se ha alertado y que el Centro Nacional de Epidemiología recoge en su último informe publicado este jueves, que señala que entre enero y hasta el 23 de marzo se han notificado 290 casos en nuestro país, más de la mitad de todos los de 2024 (426) y un 663% más que en el mismo periodo del año pasado (38).

En cualquier caso, este no ha sido el único virus que se creía prácticamente desaparecido pero que ha crecido en nuestro país. Como informó recientemente la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), los casos de tuberculosis han crecido un 7% en el último año. Según el Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés), el incremento ha sido por su parte de un 10% entre los menores de 15 años en los países de nuestro entorno

De vuelta a Estados Unidos, Trump ordenó, el mismo día de su toma de posesión, que congelaba las ayudas a los países de África y Asia para luchar contra esta enfermedad. Según estima ya la Organización Mundial de la Salud (OMS), las políticas del republicano han acabado con 27 programas nacionales de lucha contra la tuberculosis. 

La pregunta que surge a la luz de los datos es evidente: ¿estos datos dan motivos para alarmarse? Las voces expertas consultadas no lo creen. El exdirector de Acción Sanitaria en situaciones de crisis de la OMS Daniel López Acuña, por ejemplo, habla de "brotes y repuntes" muy lejanos a lo que se podría considerar "episodios pandémicos". En la misma línea, el ex director general de Sanidad José Martínez Olmos cree, por ejemplo, que la situación puede generar cierta preocupación en cuanto a que es algo que no se esperaba, pero descarta una "situación de alarma". "Entre otras cosas", razona, "porque existe vacuna para ambas enfermedades". Y la percepción que existe en España sobre ellas poco tiene que ver con la reticencia.

Según el último Barómetro sanitario publicado por el CIS, el 90,2% de los ciudadanos cree que las vacunas son un método eficaz de protección frente a las enfermedades y un 90,4% considera además que también sirven para evitar problemas de salud a los demás.

Los datos lo demuestran. Tal y como informa López Perea, en España tenemos una cobertura muy alta contra el sarampión, lo que hace que la "inmunidad poblacional" contra la enfermedad sea muy alta. En concreto, los últimos datos publicados por la OMS el verano pasado sitúan en un 92% la inmunización en nuestro país, un porcentaje que en Reino Unido e Italia desciende hasta el 85% y que en Rumanía cae en picado hasta el 62%. "Cuando las coberturas decaen del 90% es cuando empieza a haber una incidencia mayor en los niños que acaba contagiándose de forma inevitable a los adultos", explica Acuña, que destaca la importancia que han alcanzado ya los brotes de Austria, Italia e Irlanda. "Pero nuestra situación es muy diferente", apunta.

Muy diferente es la situación relativa a la vacuna contra la tuberculosis. Más que nada porque en nuestro país no está indicado su uso sistemático, cosa que sí ocurre en otros países.

La importancia del lugar de contagio

Entender esas tasas y tenerlas presentes es importante porque explican cómo se están comportando ambos virus dentro de nuestras fronteras. Como ahonda Olmos, la respuesta a las infecciones —y la preocupación que estas pueden llegar a generar, claro— varía en función de dónde se produce el contagio y de a quién afecta. Y en este sentido, y al menos en lo relativo al sarampión, el diagnóstico parece claro.

Como explica López Perea, lo primero que hay que tener en cuenta es que la situación actual, incluyendo el incremento, "no es excepcional", sino que entra dentro de lo que se conoce como "situación de post-eliminación del virus". Como recuerda el Ministerio de Sanidad en el informe de análisis de situación publicado a principios de marzo, fue la OMS la que lo dictaminó en 2016.

¿Y qué quiere decir? Como señala la epidemióloga, que hay casos de la enfermedad en España, pero que no circula por nuestro país durante doce meses o más. Dicho de otro modo: que hay casos y los va a seguir habiendo, pero la situación no es grave. Más todavía si se tiene en cuenta la movilidad geográfica. Como dice el Ministerio de Sanidad, "es previsible que la probabilidad de exposición de la población residente en España al virus del sarampión, en nuestro territorio o en el contexto de viajes internacionales, siga aumentando debido al incremento de casos que está teniendo lugar a nivel mundial y especialmente en países de nuestro entorno". Por ejemplo, especifica el departamento de Mónica García, la mayor parte de los casos registrados en 2024 estaban asociados al incremento de infecciones en Rumanía. Y ahora también a los que se están produciendo en Marruecos.

La lectura que se puede extraer, por tanto, es positiva. Según considera López Perea, todos estos datos revelan por un lado que los sistemas de vigilancia de nuestro país funcionan y que las coberturas vacunales, efectivamente, son altas. Porque la mayoría de los casos provienen de donde no lo son y por ello circula el virus.

En todo caso, la infección no resulta grave en la mayoría de los casos. Según los datos que maneja Sanidad, las complicaciones están asociadas al 30% de las infecciones y son más frecuentes en la población infantil menor de cinco año años. Consisten, habitualmente, en neumonía, otitis media y diarrea. Las más graves, especifica el Ministerio, son mucho menos habituales.

Del control de la tuberculosis a la enfermedad resistente

Muy distinto es lo que ha ocurrido con la tuberculosis. La responsable de la vigilancia de la enfermedad en el Centro Nacional de Epidemiología, Zaida Herrador, explica que el "ligero aumento" de los casos que se ha registrado entre 2022 y 2023 se produjo después de un "descenso muy importante" registrado en 2020 y que tampoco ha sido excepcional. "No sólo ha ocurrido con la tuberculosis, sino con otras muchas infecciones respiratorias", explica en conversación con infoLibre. Ahora bien, la explicación no es tan sencilla. "Hay muchas hipótesis y ahora mismo se trabaja en tratar de explicarlas", señala la experta.

La primera es la más evidente. El confinamiento de la crisis del covid sirvió para que esa enfermedad no se expandiera pero resultó, también, efectiva contra otras afecciones. "La tuberculosis es una enfermedad muy compleja, que requiere de mucho contacto y muy duradero para contagiarse. Tiene, además, un periodo de incubación muy largo", señala la experta. Por eso ahora, en comparación con lo que ocurría hace cinco años, hay muchos más casos. En cualquier caso, destaca Herrera, "miremos los datos por donde los miremos, la situación es muy diferente a la que había en 2019". El descenso de la presencia de la enfermedad, dice, ha sido evidente.

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"Tuberculosis ha habido y sigue habiendo, pero si echamos la vista atrás nos damos cuenta de que vamos camino de su control total, lo que pasa es que los objetivos que se han fijado a nivel mundial son demasiado ambiciosos y difíciles de cumplir", ahonda la experta. Los que ha fijado la OMS pasan por disminuir la incidencia un 90% y la mortalidad global en un 95% en 2035, pero la elevada presencia en algunos países lo complica.

López Acuña coincide con ese diagnóstico, pero introduce otro factor. "Hay un tipo de tuberculosis que está incrementando mucho su presencia y que es resistente a los medicamentos con los que habitualmente se trata", detalla. "Hay que reforzar la vigilancia epidemiológica para poder detectar si las infecciones son de esa variante de la enfermedad o no", subraya. Porque eso cambia, resume, las intervenciones para frenarla.

"Se pensaba que el repunte tenía mucho que ver con la inmunodepresión, pero ahora estamos comprobando que no es así", sentencia. "Por eso es muy importante revisar bien cada caso. Estudiar de dónde viene, sobre todo, analizando sus contactos. Ya no tanto por controlar los casos que se están dando ahora, sino por seguir avanzando en la erradicación de la enfermedad", completa Herrador. Según la OMS, 10,8 millones de personas la contrajeron en 2023.

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