La universidad privada halla en Medicina su nueva forma de hacer caja: un 20% ya estudia en sus facultades

Varias personas en el exterior de la Facultad de Medicina de la UCM, en una imagen de archivo.

En poco más de 24 horas, 15.108 recién titulados y tituladas en Medicina se enfrentarán al examen que decidirá su futuro como especialistas. Sobre la mesa, 9.007 plazas, un 3% más que hace un año. Cifra récord. Los que consigan acceder a una de ellas tendrán por delante otros cuatro o cinco años de formación; los que no, se verán abocados a repetir el examen o, en su defecto, a dedicarse a la sanidad privada, un negocio que está alcanzando beneficios nunca antes vistos. Y que avanza paralelo al de la universidad privada, que de hecho ha encontrado en los grados sanitarios un nuevo nicho que está sabiendo aprovechar: ya tiene sentado en sus aulas al 20,5% del total de los estudiantes de Medicina.

Son datos oficiales recogidos en el Sistema Integrado de Información Universitaria. En el curso 2023-2024 había 44.666 matriculados en ese grado en facultades de toda España, y de ellos 35.467 lo estaban en campús públicos y 9.199 en privados. Pero es que si echamos la vista atrás hasta el primer curso recogido en esa estadística, el 2015-1016, observamos que de los 43.353 que estudiaban Medicina entonces, un total de 36.395 lo hacía en la pública y 6.958 lo hacía en la privada. Eran un 32% menos. Un 16% del total. Por su parte, el número de facultades ha pasado de dos en 2007 a 15 en este curso 2024-2025, según las cifras que maneja la Conferencia Nacional de Decanas y Decanos de Facultades de Medicina.

"Ha habido un cambio total de paradigma. Estamos pasando de una educación en Medicina puramente pública a un sector predominantemente privado", lamenta Domingo Sánchez, representante nacional de Médicos Jóvenes de la Organización Médica Colegial.

La balanza de la que habla el especialista, además, se va a desequilibrar todavía más. La privada tiene proyectados otros nueve campus en los que ofrecerá este grado, por ejemplo, en Madrid, en Andalucía, en el País Vasco o en Canarias. No es casual. La universidad privada no deja de ganarle terreno a la pública y así lo evidencian todos los datos. Los últimos, los publicados este miércoles por el Ministerio de Diana Morant, que muestran que desde el curso 2016-2017 y hasta el pasado el número de personas matriculadas en los campus privados se incrementó un 61,1%. En los públicos, mientras tanto, descendieron un 3,5%. En máster, además, los primeros ya han ganado.

Según los planes que hay en marcha, los 41 centros privados serán 54 en 2026. Y eso si los números actuales no cambian. Los públicos, sin embargo, seguirán siendo 50. Los mismos que cuando en 1998 abrió sus puertas el último en crearse.

Poca planificación

Pero volvamos a la Medicina. Porque llama la atención que la privada haya puesto en estos estudios la diana de su negocio. Sánchez tiene claro que fundamentalmente se explica bajo una óptica capitalista. "Todo se mueve por la oferta y la demanda, y como esta está creciendo, pues la privada aprovecha", critica, desde el otro lado del teléfono. Pablo Lara, presidente de la Confederación de Decanos y exdecano de la Facultad de Medicina en la Universidad de Málaga, apunta en la misma dirección. "Cuando se abre un nuevo centro sobran las personas que quieren estudiar en él. Abrir un campus de Medicina es tener un éxito asegurado", explica. Los estudiantes no van desencaminados tampoco. "Este alarmante incremento responde a un interés puramente mercantilista", asegura Mario Fuentes, vicepresidente de Participación y Política Universitaria del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina.

El problema ya no es sólo que el aumento de centros privados no sea necesario. El problema es si realmente resulta útil o, por el contrario, torpedea el sistema. Porque según diagnostican todas las fuentes consultadas, "actualmente no hay una necesidad real de especialistas" en nuestro país. Más bien al contrario: hay una sobreproducción.

Según un documento elaborado por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) y por la Conferencia Nacional de Decanos de Facultades de Medicina, España es el segundo país del mundo en número de facultades de Medicina por detrás de Corea del Sur, llegando a alcanzar las 0,95 por cada millón de habitantes, una cifra que duplica la recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sitúa en 0,5 por cada millón de personas el número idóneo. En una década, el número de facultades ha aumentado de 28 a 41. Por eso el examen para acceder al MIR deja todos los años cifras como las que explicábamos al principio: muchos más aspirantes que plazas. Este año, 6.101 titulados se quedarán sin ella. Y así ocurre sistemáticamente. "Esto no solo supone frustración y precariedad para los futuros médicos, sino también un desequilibrio estructural que podría desbordar el sistema de salud", lamenta Fuentes.

No hay por tanto, como esgrime en muchas ocasiones la derecha, una falta de médicos, sino una mala planificación. "Es paradójico. Tenemos muchos médicos, lo que ocurre es que hay especialidades y zonas de difícil cobertura", explica Lara. Y la proliferación de facultades privadas no soluciona el problema.

Independientemente de dónde se estudie se puede hacer el examen que da acceso a ser residente, y cuantos más agresados haya más personas se presentarán al examen. Y más se quedarán fuera. "Al final les estamos haciendo el negocio a otros países, porque muchos de ellos emigran", denuncia Sánchez. Según los últimos datos disponibles en la Organización Médica Colegial, en 2021 se emitieron 4.130 certificados de idoneidad, el documento imprescindible para trabajar en otro país. Nunca antes se habían dado tantos. "Estamos perdiendo muchísimo gastando fondos en formar a sanitarios que acaban trabajando fuera", lamenta Sánchez.

Hay otro problema. La sobreproducción actual podría tornarse en una necesidad futura. Según un informe elaborado por la Organización Médica Colegial en 2018, hasta 2028 se habrán jubilado alrededor de 70.000 facultativos en nuestro país. Y formar a otros tantos nuevos requiere tiempo. Al menos una década. Por eso cada año se recalcula cuántas plazas para poder trabajar en la pública se acreditan. Que la privada esté fabricando titulados rompe el ajuste de esos números. Y no sólo eso.

Se acabó la equidad

Sánchez lamenta que la proliferación de estudios privados de Medicina repercute, y mucho, en la equidad en el acceso a la profesión. Porque si se quiere estudiar en la pública es necesaria una nota que supere el 12 (sobre 14) en la prueba de acceso a la universidad, pero si se quiere hacer en la privada basta con tener unos cuantos miles de euros en la cuenta bancaria. Más de 80.000 en cualquier caso, según los precios de los distintos centros que recoge el blog Educalive. La Universidad Alfonso X El Sabio cobra unos 21.150 euros anuales por estudiante, más o menos mismo importe que puede obtener la Camilo José Cela y poco más de lo que cobra la Universidad Europea de Madrid por cada matrícula.

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Si la universidad privada es para los estudiantes ricos, para los que cursan Medicina lo es todavía más. Un informe del Ministerio de Morant, de hecho, sitúa esta carrera como la que más porcentaje tiene de alumnado con progenitores con un perfil socioeconómico elevado. En concreto, un 68,7% del alumnado tiene ambos progenitores o uno de ellos con ocupaciones altas y un 82,3% con estudios superiores. Porcentajes, todos ellos, que son más elevados en el caso de los matriculados en centros privados.

Para los centros es entonces este un negocio perfecto. Y que termina de redondearse mediante las prácticas. Porque estos centros tienen convenios con hospitales y centros de salud públicos, pero también privados. La Universidad Europea por ejemplo ofrece prácticas en Madrid en el Hospital de Asisa en Moncloa o en el Vithas de Avenida de América y la Universidad Francisco de Vitoria tiene acuerdos con la aseguradora Sanitas.

Más allá de todo esto, Lara explica que los decanos también critican la proliferación de estudios de Medicina por una cuestión puramente académica. "Una facultad así no se puede improvisar", destaca. Requiere de profesorado, instalaciones y, además, acuerdos con hospitales y centros de salud que garanticen la adecuada formación práctica. "Nos preocupa que no haya profesorado especializado ni centros suficientes. Al final, lo que está en juego en este caso son las futuras generaciones de médicos que van a cuidar la salud de la población", remata.

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