Cuando la ciencia se entiende

ESTRELLA MONTOLÍO. El derecho de la ciudadanía a entender a sus administraciones ha llegado al debate público con nueva fuerza desde hace un tiempo pero es muy importante también que la ciudadanía entienda a la ciencia y a los científicos porque así seremos todos presa menos fácil de terraplanistas y de ‘fake news’ y patrañas. ¿Cómo podemos expresar de una manera clara, amena y atractiva lo que sin duda es un conocimiento complejo?
LLUÍS MONTOLIU. Es un privilegio el que podamos trabajar en ciencia e investigar y casi me atrevería a decir que es una responsabilidad, especialmente para aquellos que trabajamos en la ciencia desde instituciones públicas, colaborando en ayudar a entender toda la complejidad de los avances científicos que se van sucediendo. Cuanto más sabes de un tema, más puedes simplificar. Hacer la divulgación, llevar esa información a la sociedad, implica saber destacar lo relevante y eliminar lo superfluo, sin perder nunca el respeto y asumiendo que quien te va a escuchar es tan inteligente como tú. Probablemente lo expresa de otra manera, pero es tan inteligente como tú, y eres tú quien debe tener la capacidad de poner a disposición de estas personas tus conocimientos, sin perder un ápice de rigor como investigadores de centros públicos.
EM. Es una declaración muy bonita, ¿y tú, Carlos?
CARLOS BRIONES. Estoy totalmente de acuerdo: tenemos la obligación de transmitir la ciencia a la sociedad. En la mayor parte de los casos, la ciencia que hacemos está pagada con dinero público, con los impuestos de los ciudadanos y es de justicia que revierta parte de lo que hacemos en ellos. Nosotros tenemos distintas vías de comunicación, una de ellas son nuestros artículos científicos, digamos, de alto nivel científico-técnico, accesibles para los colegas del área (a veces, ni siquiera un colega cercano de otra área nos entiende un artículo en un ámbito concreto), pero por otra parte tenemos que romper esas barreras, llegar a personas de todas las edades y de todas las formaciones para que entiendan lo que hacemos y lo que que les rodea. Vivimos en una sociedad absolutamente dependiente de la ciencia y la tecnología, aunque muchas veces no se quiera reconocer como tal. Es nuestra obligación hacerlo y hacerlo, como tú decías, Estrella, con claridad, de forma accesible y de forma, yo me atrevería a añadir, emocionante, porque la ciencia es fascinante, la ciencia nos lleva a los límites del conocimiento, nos pone en la frontera de lo que podemos llegar a saber.
LLM. Pero, fíjate, hay que resistirse a lo que yo llamo el síndrome de la alcachofa. La alcachofa es el micrófono, cuando te ponen un micrófono y te preguntan algo. Si eres un investigador o una investigadora, no te están pidiendo tu opinión, te están pidiendo tu conocimiento. ¿Yo puedo aportar algo a lo que me están preguntando? ¿Yo sé de lo que me están preguntando? Porque si no lo sé, lo mejor es decir no, no, de este tema no voy a opinar, preguntadle a Carlos, que es mi colega. Durante la pandemia me tocó estar al mando del Comité de Ética de nuestra institución [CSIC] y tuve que mandar una circular para recordar a todos mis colegas que, por favor, las declaraciones las hicieran de lo que sabían, no de lo que opinaban.
EM. De los varios temas que han salido recojo el último porque creo que, en la comunicación de la ciencia, hay también una perspectiva de género muy marcada en el sentido de que las mujeres en ciencia sí acostumbramos a decir: “No, yo de esto no sé, a lo mejor tú tendrías que haber enviado esa circular a los colegas varones”.
LLM. También es responsabilidad nuestra contar con todas nuestras colegas. Hay verdaderas expertas en todos los temas, simplemente hay que involucrarlas. Y básicamente parte de nuestra responsabilidad, los que recibimos constantemente peticiones de comentarios de alguna noticia decir: “no, de esto yo no sé, pero en cambio está Estrella ahí que sabe de esto, pregúntale a Estrella.”
EM. Otra de las cuestiones que ha surgido en vuestras respuestas y me ha gustado mucho es esta idea de que hay que saber mucho para poder extraer la síntesis, el extracto. En mi propia experiencia como divulgadora he tenido prácticamente que ocultar a algunas instituciones esa tarea durante años porque en nuestras instituciones, muy sublimes, la divulgación era considerada una actividad de bajo nivel. ¿Creéis que ahora ha cambiado eso?
LLM. Los que llevamos un cierto tiempo en esto de la divulgación, hemos realizado esta tarea a pesar de nuestras instituciones. Todas las cosas vienen porque hay cambios en Europa y desde Bruselas se ha empezado a cambiar los criterios de evaluación y ya no cuenta solo si tal persona publica en determinada revista y por eso lo vamos a promocionar. Pero, ¿dedica parte de su tiempo a explicar los tecnicismos que muy poca gente va a entender?, ¿se toma la molestia de ponerlo a disposición del resto de la sociedad? Porque quizá ese es el investigador o investigadora que necesitamos. No solamente el que publica en grandes revistas, sino el que es capaz de dar un paso atrás y de explicarlo al resto de la sociedad. Ha habido un cambio de percepción y estamos afortunadamente en otra pantalla.
CB. En el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), tienen muy clara la necesidad de divulgar, de llegar a la sociedad, de hacer una ciencia transparente, aunque hace unos años no era así. Yo, por ejemplo, participaba en proyectos de Estados Unidos, de la NASA, y veías que había un porcentaje de dinero que se tenía que dedicar necesariamente a la comunicación de la ciencia, y eso no ocurría aquí. A raíz de esas modificaciones que se han producido en Europa, escuchando a Estados Unidos (en los buenos tiempos de Estados Unidos), llegó a España esta necesidad de hacerlo y en nuestros proyectos nos lo requieren así y hay instituciones ahora especialmente receptivas, como el CSIC. Además, yo quiero resaltar que es compatible. Ambos intentamos publicar nuestros artículos en las mejores revistas científicas a las que tenemos acceso, pero en paralelo dar charlas, escribir libros, participar en conversatorios tan agradables como este. ¿Se puede hacer todo? Lo que requiere es más tiempo, más dedicación. La vida del científico es de veinticuatro horas cada día de la semana.
LLM. Es importante también identificar a quién te diriges. Yo trabajo en enfermedades raras, enfermedades minoritarias que afectan cada una de ellas a pocas personas, pero como hay miles de ellas acaban afectando a millones de personas. Es una de las paradojas de las enfermedades minoritarias. Cuando hablas con las asociaciones de pacientes es ahí donde realmente está la prueba del nueve. Porque tú les estás hablando como investigador que crees conocer mucho de una determinada enfermedad, pero ellos conviven con esa enfermedad 24 horas al día y saben infinitamente más que tú. Al acercarse con honestidad, y sobre todo con humildad, no les estás enseñando nada, estás compartiendo lo que sabes y lo que no sabes.
EM. Desde el campo de los procesos de clarificación de la comunicación administrativa, empezamos a saber que la ciudadanía proporciona datos que son sumamente relevantes para poder avanzar en el conocimiento colaborativo. Es muy empoderante para los ciudadanos, pero en realidad también es muy satisfactorio para nosotros porque dejamos de estar en torres de marfil aislados, y juntos generamos mucho más conocimiento. Tengo mucha curiosidad por saber cómo lo hacéis vosotros para expresar el conocimiento complejo de una manera clara, rigurosa y amena. Por ejemplo, ¿qué tipo de metáforas utilizáis?
LLM. Lo importante es saber a quién te diriges, saber la audiencia que vas a tener o a quién va destinada esa pieza porque eso va a determinar cómo te vas a acercar. Hay que levantar una lanza en favor de que se puede hablar de ciencia y no necesariamente tienes que ser gracioso, no tienes que hacer reír a la fuerza. Hay gente que lo hace y lo hace maravillosamente, pero si no es tu estilo no lo intentes. Se puede ser entretenido y usar metáforas, pero cuidado con las metáforas: tienen que entenderse a la primera. Si tienes que explicar la metáfora, no es una buena metáfora. Luego lo importante es captar la atención respecto a lo que vas hablar. Yo trabajo en cosas de pigmentación, y si tú empiezas con una frase seguida de una pequeña pausa, y dices: “Los ojos azules no existen”, ya has captado la atención porque no existen, los vemos de color azul. Es un tema físico, no es un tema biológico. Los vemos azules porque es la única radiación que rebota la que estamos viendo.
Aunque es un tema sensible, y no todo el mundo lo acepta (pero todo el mundo quiere que tengamos candidatos de vacunas y que tengamos terapias), yo trabajo con animales porque puedo hacer experimentos con ellos que no puedo hacer con las personas. Puedo crear una figura que se llama los ratones avatar y esa palabra, avatar, enseguida ilumina a la gente porque todos han visto una película en que salen los avatares, unos tipos azules que estaban conectados cada uno de ellos con una persona. Esa es la metáfora que yo uso. Le pongo al ratón avatar porque le pongo exactamente la misma mutación en el mismo gen que acabo de diagnosticar en una persona. Y esto creo que se entiende muy bien, sin explicar la técnica ni los detalles científicos que me han llevado a hacerlo.
EM. Primero la entrada disruptiva, después la pausa retórica para la audiencia, el uso de metáforas que permiten explicar muchos detalles del propio experimento y que además apelan a la memoria de la audiencia como avatar. ¿Carlos?
CB. Yo utilizo algunas parecidas. Soy un firme defensor de las metáforas desde mi juventud como poeta. La metáfora me parece el mejor medio para comunicar lo que sea, para comunicar cualquier información. Tú pones un referente externo, estableces una relación que psicológicamente vaya a ser sugestiva y funciona. A veces he escrito que las metáforas nos hicieron humanos, es un tema de cognición. Empezamos a ser humanos porque fuimos capaces de plantear metáforas y siguen funcionando muy bien. Las utilizo habitualmente en mis charlas. Tengo la suerte de hablar en muchas ocasiones de temas que son fascinantes: el origen de la vida o la posibilidad de que existan vidas fuera de la Tierra.
LLM. Imposible competir.
EM. Y yo hablo de lenguaje.
CB. Pues imagínate, tú y yo hablando de qué ocurre cuando conversamos con los extraterrestres, sería maravilloso. Un día lo podemos hacer, Lluís analiza sus genes y ya todo queda en familia. Son temas fascinantes que a todo el mundo le interesan, que todo el mundo tiene referentes de novelas que ha leído, de películas, que también puede tener ideas erróneas, porque muchas veces la ficción lleva a la posibilidad de viajar fácilmente a planetas extrasolares, que no es el caso, pero ahí tienes un caudal de comunicación y de emoción que puedes utilizar. Las metáforas son las que nos permiten contactar o conectar con todos los tipos de público.
EM. Ambos estáis poniendo de manifiesto que la divulgación científica usa de forma enriquecedora conceptos y herramientas que proceden de otras disciplinas, muchas de las cuales tienen que ver con las ciencias humanas y sociales, incluso la música. ¿Cómo veis el diálogo interdisciplinar precisamente para enriquecer y hacer más atractiva la divulgación científica?
LLM. Una de las cosas de las que más he aprendido procede de sentarme con pacientes de enfermedades minoritarias que afectan a todo el mundo, da igual a qué clase social pertenezcas, todo el mundo está expuesto a que un niño o una niña nazca con ella. Y hay que explicar que un niño nace con una enfermedad congénita, de nacimiento, y que la tiene porque sus padres le han transmitido cada uno de ellos una mutación, pero los padres no la tienen. La pregunta que nos hacen siempre es, pero ¿cómo puede ser, doctor, que mi niño haya nacido con esta enfermedad si ni yo ni mi pareja la tenemos?, ¿de quién es la culpa?, ¿es mía la culpa, es culpa de mi pareja o es culpa de los dos? Es necesario sentarse con todo el tiempo del mundo y eliminar ese espectro de culpa, contarles que es el azar de la genética (y eso es Genética de primero, es Mendel). Somos portadores de mutaciones, de cada gen tenemos dos copias, mientras una funcione vamos bien, pero si los dos que somos portadores le pasamos a nuestro hijo solamente la copia que no funciona en cada uno de los casos, ese niño para ese gen las dos copias no le funcionan. Muy sencillo de explicar, pero cuesta horrores. Y es ahí donde te tienes que esmerar. Y fíjate que una cosa es el diagnóstico genético que hacemos en el laboratorio y otra cosa más importante y conversacional es el consejo genético: explicar. Si tiene un 30% esa mutación de desarrollar un cáncer de colon, y no lo explicas bien, la gente lee 30% de cáncer de colon y piensa: “me voy a morir de cáncer de colon”. No, usted tiene una cierta predisposición, pero no tiene por qué: hay un 70% que no van a desarrollarlo. Es en este tipo de cosas donde te tienes que arremangar y donde tienes que empezar a utilizar términos comunes. Una inyección subdérmica, perdóname, es solo una inyección debajo de la piel, para que todo el mundo nos entienda.
EM. Tanto en contextos de divulgación científica como de consulta terapéutica parece clara la necesidad de conectar emocionalmente, que es a lo que me parece que aludías.
CB. Y eso conecta con lo que estábamos diciendo al principio de que la información científica, el conocimiento científico, y por tanto la divulgación nos dan más capacidad de análisis, nos hacen más críticos y más difícilmente manipulables. Al hablar con personas que no creen en la evolución, que dicen que la evolución es un relato, puedes imponerte con datos científicos precisos, con Darwin o Mendel, pero no los vas a convencer. Pero una metáfora puede funcionar muy bien. Imagínate que toda la historia de la vida que son, vamos a simplificar, 4.000 millones de años, la tuviéramos en rollos de celuloide, cada uno un millón de años. Estiras el rollo y tú vives en un fotograma, cien años máximo o por ahí. Un fotograma te tiene que servir para intentar explicar el rollo completo en el que estás de tu millón de años y el almacén en el que están los 4.000 rollos. Esa idea todo el mundo la capta a la primera. El hecho de decir que nuestros compañeros de fotograma son los animales, las plantas, las otras personas que conviven contigo en este momento, pero provienes del fotograma anterior, tus antepasados y vas a dejar una herencia genética o ambiental a las generaciones siguientes, al siguiente fotograma. Es una forma muy sencilla, muy práctica, que visualmente te pone primero en la necesidad de ser coherente con lo que has recibido y con lo que vas a dejar, y luego con la dificultad o imposibilidad de entender el proceso completo cuando tú estás en un solo fotograma. Eso hace que la gente dude y piense: “caramba, entonces a lo mejor sí que es cierto, pero como lo veo desde dentro no entiendo tan bien el proceso evolutivo”. Siembras la duda, que yo creo que esa es otra de las herramientas fundamentales. La ciencia se construye porque dudamos constantemente. Cuando una teoría o una ley no funciona, es reemplazada por otra en función de lo que nos dicen los datos y lo que mejor hacemos los científicos es dudar y plantear preguntas. Si eso lo transmites a tu interlocutor, le estás haciendo un favor en cuanto al conocimiento.
LLM. Cuando hablamos de divulgar lo hacemos para hacer a la sociedad más libre y más capaz de tomar las decisiones propias, pero quiero añadir otro punto y es que no hay nada más placentero que entender algo. La buena divulgación no solo genera una sociedad más libre, sino más feliz, la sensación de que algo muy complejo que no pensaban entender lo han entendido.
EM. ¿Qué más podríamos hacer para convencer a las autoridades de que la divulgación científica es, probablemente, el mejor motor para potenciar la racionalidad, el pensamiento crítico al que vosotros aludíais, para potenciar también la alegría del saber? ¿Qué podemos hacer para convencer al poder de esto?
CB. En primer lugar, explicar cómo funciona la ciencia, el método científico. Lo que estábamos diciendo antes de que son los datos los que nos llevan y que no hay un inmovilismo en la ciencia. Cuando una teoría no funciona, la reemplazamos por otra. Los científicos somos las personas más críticas posibles con la ciencia de los demás y con la nuestra propia, si no, no eres un buen científico. Lo que se va construyendo es lo más parecido a la realidad en cada momento. Eso es lo que la ciencia te da. Todo lo demás no se parece a la realidad, como las pseudociencias o las pseudoterapias tan peligrosas que nos rodean. Los poderes públicos pueden transmitir eso y hay campañas que han funcionado muy bien, a mí me gustaba mucho la de Comprueba, en contra de las pseudomedicinas, la homeopatía, del Reiki, de todo eso. Esas cosas no funcionan y se puede demostrar con datos, mientras que la medicina basada en ciencia sí funciona. Funciona lo mejor posible, no al 100%, pero lo mejor posible. Desde los poderes públicos yo creo que habría que hacer una pedagogía constante en prime time: hay muchos temas que se nos escapan de cara a la opinión pública porque no se les da ese acceso.
LLM. Hace poco le oí decir al periodista Javier Sampedro que los científicos lo que estamos persiguiendo es la verdad en minúsculas, es decir, una verdad que va cambiando a medida que vamos avanzando. Lo vivimos en primera persona durante la pandemia, cuando estábamos casi como minuto y resultado, nos llamaban constantemente y lo que tú decías en ese momento dependía de lo que se había avanzado, pero quizá dos semanas más tarde tenías que desandar lo andado porque aquel camino se había demostrado que no era exitoso. Los periodistas estaban viviendo en tiempo real que hay muchos experimentos que se empiezan y no funcionan, de hecho, vivimos en el fracaso permanente, pero es el fracaso lo que nos permite ir cerrando puertas que ya sabemos que no tenemos que transitar y esto hay que explicarlo y hay que explicarlo bien: que somos falibles, que nos equivocamos, que planteamos hipótesis que se demuestran al poco o al medio rato que son erróneas y tenemos que buscar otras, esto es parte del método científico. De repente aparecían personas que creían imposible haber conseguido hacer una vacuna en menos de un año y por tanto había de ser falsa o que era algo que nos quieren imponer. Pero no era así, y había que negar la mayor y contar que la vacuna que nos sacó de la pandemia llevaba 15 años de desarrollo. No se hizo en uno sino en 15 más uno; 16 años para conseguir esa vacuna. Tuvimos la suerte de que gente como la bioquímica Katalin Karicó y el inmunólogo Drew Weissman, que acaban de recibir el Premio Nobel de Medicina merecidamente por ello, llevasen muchos años ocupados por desarrollar esas alternativas terapéuticas.
EM. En realidad el método científico lo que nos pide es que hagamos más robusta nuestra capacidad de convivir con la incertidumbre.
LLM. Que dudemos, que cuestionemos siempre la explicación que probablemente será la verdadera durante un tiempo, una verdad en minúsculas, pero, de repente, habrá un nuevo descubrimiento, un nuevo conocimiento que nos hará verla desde otro punto de vista y tendremos que buscar otra. Y no pasa nada, así hemos avanzado.
CB. En paralelo a eso hay que transmitir además que cuando algo ya está totalmente demostrado, no hace falta seguir dándole vueltas. Decía Feynman, el gran físico, que a él le gustaba tener la mente abierta, pero no tanto como para que se le cayera el cerebro. Realmente, no tiene ningún sentido que haya personas hoy en día que dudan de la esfericidad o la cuasi esfericidad de la Tierra, es decir, no hay que dudar de cosas que ya están demostradas, no hay que dudar de que vienen fotones de estas luces que tenemos aquí o que tenemos monoglobulinas o anticuerpos en el sistema inmune. Eso está demostrado una y mil veces. Hay que convivir con la incertidumbre, pero hay que tener también la constancia de que cuando algo ha sido probado y no ha sido refutado, ahí está la base del método científico. Cuando no hay ninguna prueba que vaya en contra de esa certeza, hay que quedarse con ella. No, la Tierra no es plana. No merece la pena seguir discutiendo si es plana o no es plana. Como no merece la pena seguir discutiendo si en general las vacunas funcionan o no funcionan, por supuesto que funcionan y han salvado decenas de millones de vidas. Y ahí la opinión no pinta nada porque tu opinión o la de cualquiera no es tan importante como la de la OMS o como la de la AEMET o como las instituciones en las que hay centenares de personas formadas trabajando, con dudas internas, sí, pero que llegan a niveles de certeza suficientes como para transmitir a la sociedad sus hallazgos.
LLM. Hay que confrontar conocimiento, no confrontar opiniones. Acordaos de aquello de que la ciencia es cierta, da igual lo que tú opines. Da igual que tú digas que el número que indicamos para la velocidad de la luz está incorrecto. Por mucho que lo pienses tú así, la velocidad de la luz seguirá siendo la que se determinó hace mucho tiempo.
CB. En los laboratorios muchas veces el resultado te muestra algo que no es lo que opinabas o, muy a tu pesar, sale un resultado que tienes que ser capaz de interpretar. Los datos te dan la verdad. Tú tienes que ser capaz de interpretarlos.
EM. Pero aquí de nuevo estamos apelando a algo contrario al signo de los tiempos y es dejar aparcado tu ego, dejar aparcada tu opinión, tu necesidad de certidumbre, para aceptar el conocimiento colaborativo de otros que sobre un tema saben más que tú.
LLM. Así es: humildad y generosidad. El nivel de conocimiento de cada cual es limitado y cada uno tiene que aceptar que hay otras personas que han llegado a un camino distinto, con hipótesis distintas y te hacen ver ese descubrimiento, ese avance científico desde otro punto de vista. Mira, los estudiantes de Institutos de Educación Secundaria son uno de los públicos más generales, más difíciles, porque muchas veces te enfrentas a personas, sobre todo en segundo de Bachillerato, que están preocupadísimas por la nota para ver si les va a dar la selectividad para hacer la carrera de sus sueños. Pero contactar con ellos de veras va a tener mucho más efecto que el hacer divulgación a otros sectores más situados, como es importante hacerla también a profesores de secundaria, que son los que van a expandir y de una forma geométrica van a llevar a las aulas lo que tú les has contado. Hay comunidades autónomas que han hecho unas aportaciones considerables, por ejemplo, en Cataluña, en Valencia, con lo que se llama el trabajo de investigación. Tienen que tomar un tema y durante el año desarrollarlo y muchos de ellos nos buscan para documentarse, sin limitarse únicamente a la Wikipedia, sino directamente hablando con la persona que está detrás del tema que quiere desarrollar en su trabajo de investigación.
CB. En su día a día, además, los jóvenes están absolutamente rodeados de desinformación, opinadores que hablan de lo que no saben, gente malintencionada que quiere venderle cosas como el colágeno o las bebidas energéticas que presuntamente ayudan, cuando es al revés, te complican la vida.
EM. ¿Creéis quizá que desde las instituciones científicas deberíamos dedicar más atención a ir refutando todas y cada una de las ventas de estas patrañas para intentar luchar desde épocas tempranas?
LLM. Bueno, lo que hay que hacer es transmitir lo que sabemos con absoluta claridad y con tranquilidad a estas personas que pronto van a salir a la sociedad. Aunque crean que no sirve para nada el Parlamento Europeo es bueno contarles que sí sirve y también que en estos momentos está bloqueando los avances en edición genética. En Córdoba, en el Instituto de Agricultura Sostenible, hay un tipo que se llama Francisco Barro, colega nuestro del CSIC, que ha hecho un trigo que tiene un menor contenido de gluten y por tanto puede ser útil para las personas con celiaquía, pero ese pan no se puede comprar en Europa porque en Europa bloqueamos que se pueda cultivar ese trigo al considerar que eso es potencialmente peligroso, lo cual es un despropósito científico. ¿Cuando voten se preguntarán sobre qué opinan los partidos sobre esos avances? Finalmente, este trigo se va a cultivar fuera de Europa y nos van a vender los bollitos cuando aquí en lugar de consumir podríamos cultivar y consumir.
CB. Lo interesante es ir construyendo un ecosistema en el que todos estemos en todo. Es decir, que los científicos, los comunicadores de la ciencia, los periodistas científicos y los informadores impulsemos esa idea de transmitir lo más parecido a la realidad en cada momento: en libros, en charlas, en pódcast, en YouTube, en todas las redes sociales habidas y por haber.
EM. ¿Eso quiere decir que tendríamos que estar en TikTok, por ejemplo?
[A dúo]: Por supuesto.