El bar de J.R. Moehringer
El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.
El bar de las grandes esperanzas - J.R. Moehringer
Duomo Editorial (2023)
El bar de las grandes esperanzas de J.R. Moehringer convierte un bar en personaje que ampara de soledades y tristeza. Un papel idealizado, imagino, porque refleja la experiencia personal del escritor, pero que no me ha convencido, al igual que sus redundancias. Las expectativas eran mayores, dadas las buenas críticas que obtuvo el libro.
La ausencia del padre marca la vida de J.R. Sólo su madre, siendo personaje secundario, es su sostén, aunque tendrá que ir tropezando para valorarlo. Sin duda, ella es el mejor personaje.
De su padre sólo tiene “la voz”, el único contacto a través de las ondas de radio donde trabaja. Para un niño es poco; esa carencia es una losa que lo llevará a aferrarse a su tío, buscando un sustituto de la figura paterna. Y con él, el bar donde trabaja. Estamos en una localidad cerca de Nueva York, entre los años 70 y 80. El crío se convierte en mascota de la fauna que por allí pulula, haciendo del lugar y sus habitantes un refugio para su existencia.
El bar condensa un microcosmos con el que se mimetiza, aunque los ejemplos que tendrá, no sean los mejores para un menor. El alcohol –por no hablar de la adicción al juego– campa a sus anchas; en exceso y como evasión de la realidad. Parece que este bar de “grandes esperanzas” es un reflejo de lo vivido por el autor. De ahí que el grado de idealización del sitio y sus habitantes, llegue a unas cotas insoportables.
Me han cansado los amigotes adheridos a la barra, a los que el niño observa como referentes, aunque en gran medida, sólo lo sean de desdicha y decepciones. J.R, crecerá, se refugiará también en los libros, encontrará su hueco laboral pese a los bandazos que va dando. Pero siempre regresará al bar.
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Demasiado bien parado sale el adulto que será J.R. La madre es una superviviente; tiene que buscar el sustento donde lo hay. La casa de sus abuelos, y ellos mismos, no son la mejor compañía. Sus primos, van y vienen. No tiene mucho con lo que quedarse. Sin embargo, no logro ver ese halo de protección que encuentra en el bar. Sólo un escape en demasiadas ocasiones, pernicioso.
Es un mundo irreal envuelto de humo y los vapores del alcohol que enmascara los problemas. Conociendo el contexto personal del niño (escritor) podría justificarse, pero como lectora sólo he conseguido cansarme con tanta reiteración sobre los supuestos beneficios que le aporta el antro. El escritor trata de envolverlos de un aura entrañable que no me ha llegado.
Tampoco su narración me subyuga pese a las alabanzas que catalogan la novela de "obra maestra magistralmente escrita". Valoro la obra como experiencia personal del autor, pero a nivel literario me parecen demasiadas las pompas de la crítica. Cuando un libro se me hace largo, como es el caso, es difícil disfrutarlo.