Repsol es la tercera compañía del mundo más expuesta al veto de Trump sobre el crudo venezolano

El Gobierno confirmó este lunes que España tendrá que dejar de importar petróleo de Venezuela, el sexto mayor proveedor de crudo durante el año pasado. Estados Unidos revocó este domingo a Repsol su permiso especial para operar en ese país y la compañía será una de las más afectadas por el veto de Donald Trump, ya que es la tercera petrolera del mundo con mayor presencia en este país, tras la norteamericana Chevron y la india Reliance.
Repsol produjo el año pasado 67.000 barriles de crudo al día en Venezuela, mucho más que ninguna otra compañía europea, y para sustituir ese producto tendrá que buscarlo en nuevos proveedores a un coste superior. Según las cuentas de 2024, Repsol extrajo de media cada día 571.000 barriles de petróleo, por lo que el agujero de Venezuela asciende al 11,7% de la producción total de la empresa madrileña. Sobre el total de las importaciones de petróleo de España, Venezuela representó el 4,6% en 2024.
Los expertos sitúan a Repsol como la tercera petrolera más afectada por la reciente decisión de Trump. Por encima se sitúa Chevron, un gigante estadounidense que produce en Venezuela 230.000 barriles diarios de crudo, así como la compañía India's Reliance, que importa de este país 70.000 barriles al día, según los datos de la consultora energética Argus.
En todo caso, Repsol está mucho más expuesta que su rival india porque Reliance no extrae petróleo, solo lo compra, mientras que Repsol posee activos y cientos de empleados en suelo venezolano. Tan solo hay otra europea que extrajo petróleo de Venezuela el año pasado, la italiana Eni, aunque a un ritmo de 10.000 barriles diarios. La francesa Maurel & Prom en teoría también tenía hasta ahora permiso del gobierno estadounidense para operar en el país, pero las estadísticas muestran que no participó en este mercado en 2024.
En realidad, hay un actor mucho más grande en la ecuación, China, que importó el año pasado 248.000 barriles de crudo venezolano, principalmente a través de la compañía China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), pero como funciona al margen de las sanciones de Estados Unidos no se espera que cese su negocio.
Delcy Rodríguez, ministra de Hidrocarburos de Venezuela, animó este lunes a las compañías occidentales a ignorar las amenazas de Trump y dijo que está "en comunicación fluida" con estas empresas para que sigan trabajando en el país pues "no requieren licencia ni autorización de ningún Gobierno extranjero, dado que Venezuela no reconoce ni aplica jurisdicción extraterritorial alguna".
Por su parte, Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, intentó este lunes rebajar la presión en el encuentro Wake Up Spain, organizado por El Español, y afirmó que en este momento tiene "un diálogo abierto y fluido con la Administración estadounidense para seguir con el trabajo en este país". También intentó frenar caída de la empresa en Bolsa con el argumento de que el 85% de su negocio en Venezuela es la producción de gas natural para venta interna, y que el petróleo es un negocio secundario. Aunque la compañía llegó a caer casi un 3% en el Ibex 35, finalmente cerró el día en un -1,0% de cotización.
En caso de que las petroleras abandonen Venezuela, el mercado internacional de crudo sufriría un leve impacto, pues solo representa el 1% de producción global, aunque los analistas advierten que algunos sectores y empresas pueden recibir un golpe significativo. "Como Venezuela no es un actor destacado, el impacto podría ser de un encarecimiento de entre 2 y 3 dólares por barril", señala Homayoun Falakshahi, analista petrolero de la consultora Kpler. En este momento, el crudo estadounidense y el europeo cotizan a entre 70 y 75 dólares, y este lunes ambos se han encarecido con fuerza, hasta un 3,2% en el caso del Brent estadounidense.
Carla Bass, analista jefe de América Latina de la consultora Argus, añade que la escasez de crudo venezolano tendrá un efecto "focalizado" en las petroleras que utilicen crudo pesado, que es el que se extrae en este país, y tendrán que buscarlo en otros países como Brasil o México, "a un precio más elevado".
Cinco años de altibajos en Venezuela
Las compañías petroleras occidentales que operan en Venezuela contaban con que en cualquier momento podría revocarse su permiso para explotar los pozos de gas y crudo. Fue Trump, durante su primera legislatura, quien impuso en 2019 unas fortísimas sanciones a Petróleos de Venezuela (PDVSA) tras el fracaso de la operación que trató de llevar a Juan Guaidó a la presidencia de Venezuela. El presidente republicano prohibió a las empresas de su país hacer negocios con PDVSA, sus filiales y el Banco Central de Venezuela, bloqueando de facto cualquier exportación de petróleo a Estados Unidos.
Bajo el liderazgo demócrata de Joe Biden se relajaron las sanciones en octubre de 2023 y el crudo volvió a fluir. A cambio, Nicolás Maduro se comprometió en los acuerdos de Barbados a garantizar unas elecciones libres en 2024, pero al acercarse la fecha de los comicios, el líder venezolano impidió a la opositora María Corina presentarse a las elecciones. La Administración estadounidense dio entonces un giro a su política petrolera y estableció que las compañías occidentales solo podrían trabajar en Venezuela mediante una serie de permisos individuales y temporales que tienen que renovarse regularmente y que concede la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) del Tesoro de Estados Unidos, la conocida como Licencia 41, que recibió entre otras Repsol.
Los 500 millones del negocio de Repsol en Venezuela, en manos de Trump
Ver más
El regreso de Trump y la agresiva política exterior que mostró desde su primer día en el despacho oval ya anticipaba que las licencias excepcionales no iban a durar, especialmente con un encargado de la política exterior como Marco Rubio, el Secretario de Estado, de padres cubanos y abiertamente enemigo de Nicolás Maduro. En febrero ya se abrió la primera crisis entre los dos gobiernos después de que Trump intentase deportar inmigrantes venezolanos a su país de origen, medida que logró parcialmente, pero que se terminó paralizando por la oposición de Maduro.
Al igual que Repsol, las compañías internacionales que operan en Venezuela lo hacen para recuperar deudas históricas que contrajo el país latinoamericano con estas empresas a cambio de inversiones. En el caso de Repsol, abrió una línea de crédito en 2016 para reimpulsar la gasista y petrolera Petroquiriquire —en manos al 60% de PDVSA y al 40% de Repsol— a cambio de poder explotar los recursos energéticos del país.
De hecho, el año pasado, en vista de que el negocio en Venezuela volvía a despegar, Repsol se hizo cargo de dos nuevos pozos petrolíferos: Tomoporo y La Ceiba. También opera en los campos de crudo pesado del proyecto Carabobo 1 y en los pozos de las regiones de Monagas, Zulia y Trujillo, así como en dos proyectos gasistas. El petróleo lo exporta principalmente a España, aunque también se han registrado envíos a Estados Unidos, mientras que el gas natural es para consumo local de Venezuela.