Presupuestos Generales, ¿misión imposible?

Lo ha dicho Oscar López en la entrevista dominical de este diario: "habrá legislatura larga". También habrá más polarización y una nube tóxica, gracias a la Vox Factory que se extenderá hacia las solitarias llanuras del PP, con un Feijóo más aislado, dentro y fuera de las fronteras de su propio partido, cada día más disgregado gracias a Carlos Mazón en Valencia (y al Club de las Pitiusas). Habrá legislatura larga pero ¿habrá presupuestos? Algún veterano exministro que aupó a Sánchez a la Secretaría General contaba la semana pasada en la cafetería del Congreso que sí los habrá. ¿Son imprescindibles? Todo indica que no. 

La economía española se hace soluble en una imagen, la de Pedro Sánchez subido a un tren bala superando la velocidad de sus propias previsiones. La Comisión Europea, sobre los presupuestos, no ha dicho nada. Conviene recordar, en cambio, lo atenta que sí estuvo a la renovación del CGPJ. Para la Comisión Europea, las cuentas del país son irrelevantes siempre que España mantenga su crecimiento y garantice más inversión en seguridad y defensa. 

Sánchez afronta la legislatura hasta el 2027 como el agente Ethan Hunt en la cinta dirigida por Brian de Palma, una perfecta síntesis retromaníaca entre el cine de Hitchcock, las novelas de Le Carré y las películas traducidas al pop de James Bond inspiradas en los relatos de Ian Fleming. La saga cinematográfica de Misión Imposible tuvo un lejano origen televisivo: la brillante serie creada en 1966 por Bruce Geller, 50 concisos minutos preñados de delirantes e intrincadas tramas de espionaje que avanzaban al frenético ritmo de la mecha explosiva que inmortalizaron sus cabeceras pegadas al mítico tema de Lalo Schifrin. Conviene leer la prensa mientras se escucha el tema firmado en sus diferentes versiones, una pieza que rezuma tensión e incertidumbre y resume la realidad política desde otra óptica. A veces, la clave de una época nos la ofrece una simple melodía.

Misión Imposible fue una buena síntesis del cine de espías para un mundo que no tardaría mucho tiempo en adivinar desde el balcón a centenares de drones bajo el cielo caido de Kiev, pandemias larvadas en los manglares de Birmania o guerras híbridas consagradas desde un teléfono móvil desde Moscú. Sánchez/Hunt aborda el horizonte político de este país afilando su existencia y nuestras sospechas en cada segundo del día, mientras corre la mecha larga de esta caótica legislatura. 

Quizá haya más afinidad entre el genio del cine mudo y Sánchez del que sospechamos entre el presidente del gobierno y Cruise

Lo bueno de las sagas, como en las series de televisión, es que hacen necesarios determinados tropos para que el espectador pueda abrazarse a ciertas certezas sin las cuales la realidad sería pura intemperie, un lugar inhóspito en el que vivir sería realmente insoportable. Todo el cine de acción de Tom Cruise nos remite a la icónica imagen de Harold Lloyd colgado de las agujas de un reloj. Quizá haya más afinidad entre el genio del cine mudo y Sánchez del que sospechamos entre el presidente del gobierno y Cruise. Las simpatías que depositamos en las dos figuras del cine residen precisamente en su capacidad para convertir la proeza imposible en un instante reconocible, vivido y celebrado anteriormente, mientras que el gobierno de coalición ha logrado convertir las sucesivas votaciones imposibles en un destilado de empatía política entre el electorado progresista, quizá porque el verdadero suspense no reside en la acción sino en el lenguaje, donde realmente se trenzan los límites de la lealtad, la traición, el pragmatismo y ciertas dosis de hipocresía, ocultas bajo un abrigo de sofisticada elegancia. 

El macguffin de Misión Imposible siempre ha sido un código, una serie de números o de artefactos convertidos en el motor de toda la acción. En la política española, los Presupuestos Generales del Estado han sido ese macguffing que, en algún otro momento de nuestra historia, también fueron la llave para garantizar toda una legislatura. Hoy no es así, pero como publicaba infoLibre este lunes, hay varias razones por las que es casi seguro que no habrá presupuestos generales. La falta de acuerdo sobre la senda de déficit, el aumento en Defensa que ha posicionado en contra a Podemos, el aumento de los ingresos o las demandas de ERC y JUNTS.

Sumar ha encendido la mecha y le ha encargado a Pedro Sánchez la misión imposible de presentar sus presupuestos antes de que concluya el mes de abril. Seguro que ya comienzan a escuchar la sintonía de Schifrin. La tarea, aparentemente improbable, sucede en mitad de un debate sobre el rearme de Europa. Habrá legislatura larga y la aprobación o la caída de los PGE será un buen medidor de la posición que ocupan las fuerzas políticas parlamentarias que apoyaron la investidura del Presidente del Gobierno. La votación servirá para medir las flaquezas del PSOE y del PP pero también las de Sumar, Podemos, Junts y PNV reunidos frente a Vox. Conviene estar atentos y no despistarse del camino, porque en toda saga de espías, una misión suele ocultar otra latente y, generalmente, más importante, que trasciende más allá del momento presente, anticipando lo que vendrá tiempo después. Conviene saber que quien reclame más inversión en seguridad y defensa para una Europa geopolíticamente más autónoma debe asumir que es tan necesaria como la inversión en vivienda social para la España plurinacional que pretende continuar aprobando políticas de progreso, la misma España que lidera la economía de la UE y gana el 90% de las votaciones en la Corte de los Leones. Esa es la ballena lenta, el submarino nuclear y silencioso cuyo radar nos permitirá determinar si en 2027 volverá a conjurarse la investidura de un gobierno progresista o aterrizará finalmente otro que conjugue los programas de PP y Vox. Evitar ese escenario es, con absoluta certeza, la verdadera misión.

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