Sanciones fallidas: el petróleo ruso encuentra nuevos mercados
Desde el estallido de la guerra en Ucrania, la industria del petróleo y el gas en Rusia se ha convertido en objeto de multitud de sanciones, poniendo en el punto de mira de organismos y gobiernos internacionales la principal fuente de ingresos para las arcas públicas de Putin. Con el fin de reducir al máximo posible los ingresos provenientes de esta industria, la Unión Europea, Estados Unidos, y miembros del G7 han puesto todos sus esfuerzos en luchar por que estos beneficios no fueran a parar a la financiación de la invasión en Ucrania. Las dos vías de actuación por la cual los gobiernos occidentales han afrontado esta grave crisis han sido: introducir un techo de precio (“cap oil price") para el crudo y derivados del petróleo que fueran exportados desde Rusia a terceros países; y por otro lado, prohibir la recepción de petróleo y gas ruso por vía marítima a países aliados. De esta forma, los países, que hasta el momento eran los principales consumidores de petróleo y gas ruso, dejaron de serlo con el fin de ayudar a Ucrania, reduciendo la financiación por parte de Rusia. No obstante, lejos de dañar las arcas públicas del gobierno ruso, las medidas tomadas han sido poco resolutivas respecto al objetivo inicial, pero han reformulado el comercio de exportación del gigante petrolero y gasístico.
Según datos recogidos de DataStream, en el 2022 Rusia exportó 2.370 millones de barriles. En el 2023, este dato aumentó a los 2.445 millones de barriles. Teniendo en cuenta que las primeras medidas por parte de la Unión Europea acerca del techo del precio en los 60$ el barril de Urales se oficializó el pasado 5 de diciembre de 2022, la cantidad exportada, lejos de reducirse, aumentó ligeramente. La tendencia en 2024 se mantuvo constante, con un nivel de exportación en torno a los 2.330 millones de barriles. Pero, si Europa ha reducido su exposición al petróleo, gas y derivados provenientes de Rusia, ¿cuáles son los principales destinos de estas exportaciones tras las sanciones?
India, China y Turquía se postulan como los tres mercados principales que en la actualidad se están beneficiando de este cambio en el panorama internacional del comercio petrolero
India, China y Turquía se postulan como los tres mercados principales que en la actualidad se están beneficiando de este cambio en el panorama internacional del comercio petrolero. Con más de 625 millones de barriles, India es el mayor consumidor de petróleo y gas ruso. El gigante asiático consume en la actualidad más petróleo y gas que su contendiente en esta batalla, China. Su alto crecimiento económico y de población hacen de la India uno de los mercados más atractivos para la venta y la exportación de petróleo y gas a nivel mundial, jugando un papel fundamental en los futuros flujos de comercio que reformularán el mercado del petróleo y gas global. Volviendo a los principales consumidores de petróleo ruso, China (362 millones de barriles) y Turquía (283 millones de barriles) le siguen a India como los principales mercados de destino que Rusia ha seleccionado para mantener los altos niveles de exportación que tenía previos a las sanciones impuestas. Sorprendentemente, y teniendo en cuenta que las exportaciones de petróleo y derivados rusos están terminantemente prohibidas en la Unión Europea, países como Italia, Grecia, Holanda, Francia o España se encuentran entre los principales países de destino en 2024. En la Figura 1, se puede observar el destino de las exportaciones rusas (periodo 2015-2024), teniendo en cuenta el antes y el después de las sanciones impuestas por la Unión Europea y el G7.
Otra de las técnicas que los países occidentales han llevado a cabo para reducir las exportaciones rusas son las sanciones a todo tipo de compañías, personas físicas y buques que se vieran involucrados en posibles acciones que tuvieran por objetivo esquivar las sanciones impuestas o contribuir a la financiación de la guerra. A raíz de poner el foco en los buques con los que Rusia comercializa sus productos, surgió el concepto de “shadow fleet” (flota en la sombra). Si bien es cierto que es un concepto que se aplica desde que Estados Unidos impuso sanciones al petróleo de Venezuela e Irán, la opinión pública ha comenzado a escuchar mucho más este concepto a raíz de su aplicación al caso ruso. Se entiende por flota en la sombra aquella cuya propiedad no se encuentra localizada en países de la Unión Europea o el G7. Adicionalmente, si el buque no está cubierto por aseguradoras occidentales, también puede ser considerado como flota en la sombra. Tratar de extraer un dato exacto de estos buques resulta prácticamente imposible, pues su carácter “en la sombra” hace que no sea fácil tener un control de esta problemática. No obstante, la Unión Europea, Reino Unido y Estados Unidos han impuesto sanciones a estos buques, lo que podría darnos una ligera idea acerca del número de buques en la sombra que está utilizando Rusia. Tras las duras sanciones impuestas por el gobierno saliente de Biden, 290 buques han sido sancionados desde el comienzo de la invasión hasta hoy. Según el análisis realizado (Figura 2), los buques sancionados han exportado en torno a los 1.300 millones de barriles en los años posteriores a las sanciones, suponiendo el 28% del total exportado. Lejos de suponer un problema grave a nivel económico y geopolítico, no debemos pasar por alto el problema medioambiental.
A partir de los 15 años, un buque comienza a ser poco fiable para el comercio internacional, pudiendo dar fallos técnicos que lleven a resultados catastróficos como desbordamientos de petróleo, por ejemplo. A través del análisis de los buques sancionados, damos cuenta de qué 128 buques de los 290 sancionados se encuentran en el rango de los 16-20 años desde su construcción. 66 de ellos se encuentran entre los 21-25 años, habiendo incluso 11 buques que tienen más de 26 años. Si a esta antigüedad se le suma la ausencia de seguros durante el trayecto, estamos ante un peligro constante de que se produzca una catástrofe natural sin precedentes, sin poder rendir cuentas a nadie.
Estos datos están lejos de sentar una base para el optimismo. Es más, se estima que la financiación que Rusia ha presupuestado para la guerra en 2025 se encuentra por encima de la esperada. Tal y como se ha comprobado, las medidas no han surtido efecto. Se necesita más cooperación internacional y mucha más severidad en las sanciones. Sin ello, millones de barriles de petróleo, gas y derivados rusos seguirán navegando por océanos y mares con las graves consecuencias geopolíticas, económicas y medioambientales que puedan ocasionar.
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Antonio García-Amate es profesor de finanzas en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) e investiga sobre energías renovables y gas.