ENTREVISTA CON EL DIPLOMÁTICO Y PARLAMENTARIO DE SUMAR

Agustín Santos: "Trump busca un pacto con Putin para contener a China y subordinar a Europa"

Agustín Santos, en el Congreso de los Diputados

Agustín Santos es uno de los españoles que más sabe de los pasillos del poder internacional. Hasta su desembarco en el Congreso como ‘número dos’ de la lista de Yolanda Díaz en las pasadas elecciones generales, ocupó el cargo de embajador de España ante la ONU. Le corres por las venas el multilateralismo, el sistema que ahora quieren llevarse por delante líderes como Donald Trump y Javier Milei.

Santos es diplomático de carrera y a sus espaldas lleva experiencias en las embajadas en Pekín, Washington, La Habana y Canberra, entre otros destinos. Y también la lucha en su juventud contra el franquismo. Confiesa que está viendo situaciones que jamás pensaría que se volverían a repetir. En las dependencias del Congreso, tras una sesión plenaria de alto voltaje, lanza sus reflexiones ante un convulso escenario geopolítico, donde, señala, es la propia fuerza hegemónica norteamericana la que que intentar cambiar el propio orden establecido.

Después de lo que ha pasado durante estas semanas desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, ¿estamos ante un nuevo orden mundial?

No, estamos ante el intento de cambiar a favor de una hegemonía norteamericana la crisis del orden mundial en el que nos hemos movido desde 1991. No son las declaraciones lo que cambian, sino la capacidad de aplicar las políticas. Lo que es claro, y lo más peligroso, es la intención manifestada de forma tajante de cambiar el orden basado en el derecho internacional por un sistema unilateral en favor de la hegemonía norteamericana.

¿Cómo calificaría la política internacional que está haciendo Trump?

Los adjetivos no se pueden utilizar si no es de forma comparativa. Las experiencias que hemos tenido en la historia de las relaciones internacionales, remontándonos desde la paz de Westfalia hasta hoy, sobre cuestionamiento del orden internacional eran por parte de potencias contrarias a las bases impuestas por potencias hegemónicas en una fase anterior. Lo que está haciendo Trump es extraordinario porque es la potencia hegemónica dominante la que cuestiona el propio orden que impusieron sus antecesores desde 1945 para reforzar una hegemonía que está en crisis por razones endógenas.

Lo más peligroso es el intento de cambiar el orden basado en el derecho internacional por un sistema unilateral

¿Qué papel debe jugar Europa?

Europa se la juega. En el sentido de que si no es capaz de inscribirse en el centro de estos cambios, verá degradado su papel de potencia que ha defendido el derecho internacional, el multilateralismo y un sistema económico basado en el respeto internacional. Por lo tanto, Europa será la principal perjudicada.

En la reunión convocada en París por Emmanuel Macron se vio una fractura dentro de los propios líderes europeos. ¿La UE puede superar esa división?

Europa siempre ha salido fortalecida de sus crisis. Era una frase hecha del Palacio de Berlaymont. Lo que hay ahora mismo es un debate profundo y estratégico sobre cómo se produce esa reorientación. Llevamos un mes y poco de proceso de crisis. Estos momentos históricos exigen ir creando consensos parciales en una experiencia de aproximación, corrección y error. Ahora mismo partimos de una situación de experiencias muy distintas. Hay una serie de países en Europa central y del este que están ante un peligro existencial tras la invasión rusa de Ucrania. Y el resto de Europa lo que necesita es plantearse cuál es su papel dentro del nuevo sistema internacional que se empieza a definir. Europa es una potencia económica y ha jugado desde el final de la II Guerra Mundial con la hegemonía militar de los Estados Unidos. Y eso se ha acabado, según anunció JD Vance, como factor y elemento de seguridad europeo. Ahora ese vacío de seguridad es la principal cuestión que tiene que resolverse. No es posible resolver esa cuestión inmediatamente porque necesita, primero, una estrategia y una política de seguridad y después una política material. Es evidente que tardará, pero el proceso está en marcha. Lo comenzó ya Josep Borrell.

Pero da la sensación de que Europa no ha hecho los deberes.

Europa necesita primero encontrar un acuerdo sobre sus objetivos. Su principal consenso ahora mismo es defender el sistema multilateral basado en el derecho internacional, asegurar la paz y la seguridad en Europa, evitar que la invasión rusa ponga en peligro la estabilidad de los socios comunitarios y tratar de mantener y establecer unas reglas de juego internacionales que eviten que cualquier conflicto local se convierta en global.

Europa se la juega, puede ser la más perjudicada

¿Veremos en unos años un ejército europeo?

No lo sé. Lo que sí creo que veremos en unos años es una respuesta a las necesidades de seguridad europea. No sé si se hará a través de una vía militar -economía de guerra, ejército europeo y capacidad de proyección de fuerza autónoma- o a través del reforzamiento de un sistema multilateral con la ONU. Lo más probable es que pueda ser una combinación de ambos elementos. ¿Qué es lo óptimo? Lo segundo: un sistema multilateral basado en el respeto de las instituciones y de las normas y en una reducción de las economías de guerra a través de procesos de desarme.

Ahora hay una gran presión internacional para aumentar el gasto en Defensa. España está a la cola en la OTAN con un 1,32% del PIB. El presidente, Pedro Sánchez, mantiene el objetivo del 2% en 2029 fijado junto a la OTAN, pero Estados Unidos ya pide un 5%. ¿Habrá que aumentar todavía más ese incremento previsto? 

No creo que la petición de aumento de gasto en Defensa de la administración Trump responda a razones militares y de seguridad, sino a una economía de guerra que busca asegurar beneficios al complejo militar industrial, que es un donante importante de la campaña republicana. Si se ve toda la experiencia económica desde 1914, se comprueba que en una etapa en la que hay un proceso largo de depresión económica como el que estamos sufriendo una de las opciones de los que buscan aumentar sus beneficios es asegurarse mercados cautivos independientemente de las necesidades. Pero la inversión en economía de guerra es una inversión en el derroche. Lo que hay que establecer primero es cuáles son las necesidades en términos estratégicos de defensa y, después, los elementos básicos y esenciales para que en el juego de alianzas internacionales podamos asegurar esa capacidad de influencia en el sistema.

La petición de Trump de mayor gasto en defensa no responde a razones militares, sino de beneficios de sus donantes

¿Puede haber problemas dentro de la coalición por ese incremento en el gasto militar?

El presidente Sánchez ha sido el primero en decir que España tiene el incremento que tiene y que no prevé en el futuro próximo más que asegurar que se cumplen las necesidades de seguridad inmediatas españolas y las aportaciones a nivel de los aliados. Creemos que hay pendiente un debate sobre seguridad. Hay una ley que establece que eso se debe hacer en la Comisión de Defensa y cuando se produzca expondremos, de acuerdo con las circunstancias internacionales, la postura. El mayor factor de inseguridad actual no viene de los proyectados enemigos en la doctrina estratégica heredada, sino del elemento núcleo-central que debía asegurar esa seguridad. Por lo tanto, cualquier proyección de los debates de seguridad, en una situación en la que han cambiado los polos y en la que los malos no son el problema, exige tener una reflexión acorde con la situación material. No podemos caer en debates que no tienen consistencia empírica,

EEUU y Rusia ya han iniciado negociaciones sobre Ucrania en Riad (Arabia Saudí), ¿se puede ver un fin de la guerra pactado por esos dos países sin escuchar las voces de Kiev y Bruselas?

Primero: lo que va a acabar con la guerra de Ucrania es una situación de equilibrio en el frente con desgaste de capacidad humana tanto en la parte rusa como en la ucraniana. Sabíamos todos que esta situación iba a ocurrir en 2025 porque ahora hay más desertores en los dos campos que gente dispuesta a ir a la primera línea para operar como tropas de choque. Se ha llegado a una situación de equilibrio militar, que es la que utiliza la administración Trump para plantear algo esencial en su esquema. Su prioridad es la contención de China y lo que buscan es establecer un pacto de alianzas con Putin en Rusia para contener a China y subordinar a Europa a los intereses de Estados Unidos. Es lo que han dicho claramente las dos partes, tanto Lavrov como Vance. Es el escenario sobre la mesa. 

Citaba a JD Vance, ¿qué sintió al escuchar su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich y su ataque al sistema democrático europeo?

Que hemos vuelto a una situación que jamás pensé que viviríamos otra vez, como fue la imposición de los Sudetes, la del comité del embargo de armas en la guerra de España y el sistema de imposiciones que se hace en nombre de equilibrios de potencias y no del derecho internacional. Es una vuelta atrás a un sistema que creíamos haber superado mediante la Carta de Naciones Unidas en 1945.

Trump también ha propuesto expulsar a los gazatíes y crear un resort de lujo en la franja, ¿Pasará?

Creo que es contradictoria la política con los resultados en la calle. La voluntad del Gobierno de extrema derecha israelí de proceder a una segunda Nakba estaba en el programa electoral de una mayoría de la coalición de Netanyahu. Trump ha apoyado eso explícitamente, pero eso es contradictorio con los acuerdos de Abraham: no habrá normalización israelí-árabe ni embajadas abiertas en Riad y en Jerusalén si se produce ese segundo Nakba. Por lo tanto, no es convergente la política de expulsión de población palestina con los acuerdos con los países de la zona. Sin eso, no hay seguridad para Israel. Y si se produce la expulsión de palestinos de parte de sus territorios históricos, pues no habrá tampoco estabilidad local. Todo el Oriente Medio quiere ser rediseñado, pero el eje de ese rediseño son dos elementos: la derrota del marco de alianzas iraní y que haya un proceso de normalización encabezado por Arabia Saudí, Catar y Emiratos con Israel. Si no hay una solución justa de dos Estados para el conflicto de Israel y Palestina, no podrá producirse. 

Este domingo se celebran las elecciones alemanas, con la extrema derecha como segunda opción a tenor de las encuestas. ¿Qué va a pasar? ¿Habrá una coalición? ¿Se frenará a la extrema derecha o la CDU, que ha coqueteado con Afd en temas de migración, puede crear otro tipo de Gobierno? ¿Cómo puede afectar al resto de Europa?

Es una cuestión crucial. Hay una parte de la derecha europea, encabezada por Manfred Weber, que trata de romper el dique de contención, que era la base de la reunificación alemana. Hacer eso es abrir la puerta a la extrema derecha. Afd puede quedar como el partido número dos. Pero no es el partido más votado en las zonas industriales de Alemania occidental, sino en las del este donde hay menos problemas de migración, hay desindustrialización y la población es mayor. Lo que ha ocurrido es que una vez que se han quebrado los sistema de bienestar heredados de la RDA, se han sustituido por unos que no alcanzan a todos y el nivel ha bajado. Al fracasar la socialdemocracia y la democracia cristiana en la integración de la RDA, ahora se encuentran un agujero por donde han entrado los neonazis con un programa de xenofobia y de crítica de falta de gasto social asombrosamente, además de con un discurso populista que busca movilizar a esa población y cuestionar todo el proyecto del Estado de derecho surgido de la lucha contra el nazismo. Europa no puede olvidar la experiencia de la II Guerra Mundial. Un cambio que implique la ruptura del muro de contención contra la extrema derecha supone poner en cuestión la construcción europea. Hay que hacer un llamamiento a la movilización popular contra eso y a evitar ese cuestionamiento de los valores europeos.

Hay una parte de la derecha europea, encabezada por Weber, que trata de romper el dique de contención a la extrema derecha

Habla de muro de contención, pero en España ya lo rompió el PP, que dejó entrar a Vox en los gobiernos autonómicos tras el 28M. En las últimas encuestas se refleja que el partido que más avanza es el de Santiago Abascal. ¿Puede llegar algún día la ultraderecha a gobernar el país y a ser la fuerza mayoritaria?

Una corrección: en España nunca hubo muro de contención porque la Transición democrática se basó en aceptar que ese muro no existiría. Lo que ocurrió es que la extrema derecha se incorporó al PP: Alianza Popular votó contra la Constitución y con ello arrastró a toda la extrema derecha. Aquí tuvimos atentados de la ultraderecha durante un periodo prolongado y tuvimos el 23F. Seguimos teniendo situaciones como que no se condena parlamentariamente al franquismo como un régimen totalitario y represivo. Lo que puede ocurrir en España, y lo sabe Feijóo perfectamente, es que el peligro de un Gobierno PP-Vox moviliza al conjunto de la población más allá de la izquierda, que es lo que sucedió el 23J. Esa sensación de que no se puede consentir que se rompa una barrera de contención, que la derecha nunca aceptó, es la que movilizó la victoria de las izquierdas en las pasadas generales.

El peligro de un Gobierno PP-Vox movilizó a población más allá de la izquierda durante el 23J

El proyecto de Feijóo nunca ha sido la alianza con Vox, sino que le vino impuesto por la correlación de fuerzas tras la caída del Gobierno de Rajoy por corrupción. Siempre ha querido una alianza con el sector felipista del PSOE para evitar una mayoría social que tuviera un reflejo político en una coalición de izquierdas. Pero el propio éxito económico de la gestión del Gobierno, el avance de las políticas sociales, el aumento del SMI… han ido creando las bases para que sea más difícil crear ese centro extremo que supondría la escisión del PSOE. Nadie puede creer que un Gobierno PP-Vox no estaría condicionado por la ultraderecha. Aquí la memoria está lo suficientemente fresca como para que nadie se haga ilusiones sobre lo que serían sus consecuencias. Es más, en los próximos meses vamos a vivir la experiencia en EEUU de lo que es dejar las órdenes ejecutivas (equivalentes al BOE) en manos de alguien como Trump. Ha despedido al diez por ciento de los trabajadores del organismo equivalente al CSIC y ha acabado con la agencia de cooperación. Es un camino a la barbarie que antecede en nuestra memoria a lo que fueron los cuarenta años de franquismo. 

¿Qué papel puede jugar España en estos momentos con un Gobierno de izquierdas?

Nuestro papel primero es hacer una buena gestión de Gobierno y demostrar que es posible gobernar mejor en nombre de las mayorías. Segundo: articular políticamente esas mayorías. Ahí necesitamos construir los elementos electorales y las políticas unitarias para poder asegurar que hay una canalización del voto y que no se desperdicia ni uno. Necesitamos evidentemente construir un bloque de alianzas internacionales que nos permita reforzar nuestra propia posición en la UE. En muchos casos somos un ejemplo de derechos, y hay que ampliarlos. Hay un programa mínimo de urgencia de la humanidad aprobado por 173 países en la Asamblea de la ONU, que ahora se pretende cuestionar y sustituir por uno de economía de guerra y de beneficios extraordinarios para las clases dominantes. Tenemos que reforzar ese bloque que busca soluciones colectivas a los problemas globales frente al otro que persigue salidas individuales de clase dominante. Nuestra apuesta por el multilateralismo nace de la convicción profunda de que es imprescindible llevarlo a cabo.

Sin la cooperación internacional no podemos resolver los problemas

¿Por qué hay esa ofensiva tan furibunda contra el multilateralismo y organismos como la ONU y la OMS?

Porque es el principal muro de contención que hemos construido para políticas democráticas globales. Sin esa cooperación internacional, no podemos resolver los problemas. Si el escenario climático sube por encima de dos grados, no existen modelos de gobernanza internacional para eso porque habrá migraciones en masa buscando espacios para sobrevivir y no encontraremos con una cadena de crisis de la deuda externa que será imparable. Veremos que los conflictos locales se van extendiendo. El ejemplo más claro es Sahel, pero también Somali o Sudán. Hemos tenido una guerra brutal en Eritrea que solo ha parado por la sangría de población. Eso se puede repetir con la salida de los rohinyás en Birmania o en escenarios en América Latina con la población en columnas tratando de llegar a EEUU. Eso solo lo puede resolver un sistema multilateral, no existe otra solución. Y lo sabemos desde 1914. Cuando se intentaron imponer soluciones unilaterales, como la paz de París, acabamos en la II Guerra Mundial. Ese es el escenario que tenemos en la cabeza cuando Trump nos dice que América primero, Putin dice que Rusia primero y los Patriots dicen que Europa primero. Eso acaba provocando economías de guerra, y acaban llevando a la guerra.

Hablando de economía, ¿cómo ha visto la primera gran crisis de Milei con la estafa de la criptomoneda $Libra? ¿Puede servir de espejo de sus políticas?

Yolanda Díaz: "Debemos ir avanzando hacia un ejército europeo con un mandato claro de autodefensa"

Yolanda Díaz: "Debemos ir avanzando hacia un ejército europeo con un mandato claro de autodefensa"

Sí. A nivel internacional no ha sido el primer caso, ya que está el de Bukele en El Salvador, que provocó una crisis financiera. En EEUU hemos tenido caídas de pirámides enteras. Las criptomonedas, en definitiva, son esquemas Ponzi. El sistema se desmorona en cuanto deja de ser de ahorro especulativo y todo el mundo pierde. Milei no tiene política económica. Sus ideas económicas son extravagantes y se basan en creer que la no regulación funciona. Ese pensamiento fue abandonado a finales del siglo XIX. La experiencia terrible de parar la hiperinflación con una recesión económica masiva es lo que están viviendo los argentinos. Y eso no se puede mantener en el tiempo.

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero pidió esta semana apoyo de la oposición a Pedro Sánchez en el contexto internacional. Viendo desde su escaño el clima del Congreso, ¿echa en falta ese consenso?

El PP se encuentra en la situación más dramática, es al partido al que atraviesa más por medio la crisis. El Partido Popular ha construido todo su discurso internacional basándose en la subordinación y alianza con EEUU. Trump no encaja en el modelo europeo, ni siquiera en el del PP. Ahora tiene que decidir entre la política de Weber de ir a una alianza con los trumpistas europeos o ir con las fuerzas democráticas. Y va a tener que hacerlo Feijóo en algún momento por mucho que intente retrasarlo. La política del PP es contradictoria per se en esa situación.

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