El dilema de los cordones sanitarios: frenan a los ultras en las instituciones pero no en votos

El líder de Vox y presidente de los Patriots, Santiago Abascal (c), clausura la primera cumbre de Patriots en Madrid, este sábado, en la que han participado el primer ministro de Hungría, Viktor Orban (2d), la francesa Marine Le Pen (2i), el italiano Matteo Salvini (d) y el holandés Geert Wilders (i), entre otros

Alemania se encamina hacia una nueva ‘Groko’. Los conservadores y los socialdemócratas negocian ya un nuevo Gobierno de coalición, como solía suceder en la etapa de Angela Merkel, para dar estabilidad al país y aislar a la ultraderecha, que ha conseguido colocarse como segunda fuerza con más del 20% de votos. Un cordón sanitario en un país donde el tabú de AfD empieza a romperse con una parte de la CDU tentada con el acercamiento.

También durante estos días se ha fraguado un Gobierno tripartito en Austria con democristianos, socialdemócratas y liberales que deja fuera a la ultraderecha de FPÖ, que ganó las elecciones con un 28,8% y que tuvo al alcance la cancillería por primera vez en democracia. El nuevo Ejecutivo en Viena además ha mandado un mensaje proeuropeo en un momento de ascenso de los extremistas alineados con Donald Trump.

El cordón sanitario para evitar la llegada de la ultraderecha al poder ha sido una práctica habitual en las democracias europeas, pero a la vez se está rompiendo a muchos niveles (especialmente regionales y locales) en el continente. Una línea roja que se está traspasando en lugares como Finlandia y Suecia. Y luego está el caso de España, donde el PP ha abrazado abiertamente y de manera rápida los acuerdos con Santiago Abascal sin ningún tipo de debate político y ético.

Los cordones sanitarios se han mostrado efectivos en muchos países para que los ultras no lleguen al poder, pero, a la vez, en muchos casos no han servido para frenar el ascenso electoral de esas fuerzas. Un ejemplo muy claro es el de Alemania, donde Afd ha tenido resultados históricos. En Francia tampoco consiguen llegar al poder, pero el partido de Le Pen sigue en forma en las encuestas. No hacerlos tampoco desactiva a esas formaciones como se evidencia en España, ya que Vox es tercera fuerza en los sondeos y sigue creciendo demoscópicamente. 

¿Son efectivas las alianzas contra los ultras para frenarlos o convierten a los extremistas en alternativa y les dan alas parea crecer entre la población? ¿Puede el ejemplo de la CDU reorientar a los conservadores para placar al populismo?

"Los cordones son necesarios"

Anna López, doctora en Ciencia Política por la Universitat de València y experta en los movimientos de extrema derecha, señala que es “evidente el peso de Alemania y su influencia en el resto de la Unión y en el Parlamento Europeo” a la vez que recuerda la “particularidad” de este país: “Después de la II Guerra Mundial, el cortafuegos forma parte de su ADN y está integrado en su cultura política”. “Eso no pasa en otros países como España, con la derecha que menos ha tardado en pactar con la ultraderecha y que ha hecho más concesiones”.

Argumenta la profesora: “Los cordones sanitarios son necesarios y especialmente que los haga un país como Alemania. La idea original es que la extrema derecha no tenga capacidad de decisión ni tampoco un altavoz en las instituciones, por lo que acabará invisibilizándose”. “Además, añadiría que les restas capacidad económica. Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana la presidenta del Parlamento, Llanos Massó, de Vox, cobra casi 100.000 euros al año”, añade, para reflexionar a continuación: “Lo que sucede es que hemos entrado en otro estadio. Los partidos conservadores han comprado sus propuestas. La capacidad de influencia que se les podía restar al no estar en las instituciones no es tan efectiva porque la derecha tradicional ha acogido sus ideas. Sobre todo en temas como la migración y el Pacto Verde”.

“El cordón sanitario tiene un efecto simbólico importante: desactivar la utilidad de votarlos. El ciudadano percibe que ya no van a formar gobiernos de coalición porque no hay fisuras y no se cuenta con ellos. Más allá de la institución, lo importante es el mensaje a la sociedad: no pactamos con ello”, resalta López, quien desliza en este sentido la importancia del acuerdo firmado en Viena.

"El riego de victimizar, pero la utilidad de desactivar voto"

“De la misma manera que la extrema derecha se ha ido lepenizando y ha adaptado sus propuestas, ahora los proeuropeos y demócratas tienen que lanzar mensajes sólidos. Y el cortafuegos es uno de los principales. Las causas del auge de la ultraderecha han sido múltiples, por lo que las soluciones tienen que ser múltiples”, razona López.

Para ella, el debate interno dentro de los conservadores proseguirá latente: “Ahora no tienen grandes referentes desde la marcha de Merkel, pero son el principal grupo del Parlamento Europeo. Van a seguir con la crisis de si pactan o no con la ultraderecha. Además, estamos ante ultraderechas pospandemia, alineadas con Trump y, sobre todo, Putin. Estas diferencias geopolíticas están marcando el punto de inflexión. Fue uno de los grandes temas de la campaña alemana. Fue muy hábil Alice Weidel, líder de AfD, con su estrategia de tratar de derrotar el cordón, algo bendecido por Trump. JD Vance ya está lanzando la idea de que el cortafuegos es antidemocrático. Esa idea la vamos a escuchar mucho a partir de ahora”.

¿Y el cordón sanitario no puede provocar un efecto rebote y que suba la ultraderecha? López dice que es complicado medirlo en general: “Desde el estudio de política comparada, te arriesgas a que se victimicen, pero también desactivas la utilidad de votarlos. Además, moviliza mucho a la izquierda. Y lo de víctimas ya empieza a no colar, estamos en otra fase porque ya se han asentado electoralmente”.

El caso de que en España no haya cordones sanitarios por parte del PP se debe, a juicio de López, al “cortoplacismo” de la derecha por gobernar y “acabar con los socialistas, como pasó en Andalucía”. “Además, el PP menospreció a la extrema derecha y no hizo una lectura europea, pensando que Vox era algo puntual y que le iban a hacer el abrazo del oso. Pero no vieron que habían venido para quedarse”, apostilla.

"Lo cordones ya no son la regla en Europa"

También estudia el fenómeno de la ultraderecha Guillermo Bezzina, politólogo y miembro del colectivo Passes Perdudes, que dice que lo primero que debe hacer un sistema democrático es plantearse para “qué” hace ese cordón: “Para que la extrema derecha no llegue al poder o para que no siga creciendo”. “Lo normal es hacerlo por el primer motivo, como pasa en Alemania”, subraya.

“Los cordones sanitarios para evitar su entrada en las instituciones han funcionado. Se trata de un efecto muy mecánico. Y hay que tener en cuenta el sistema democrático de cada país. En Francia lo habitual es hacerlo de manera preelectoral por el sistema de doble vuelta”.  Pero indica: “A la pregunta de si evitan el crecimiento de la extrema derecha, la evidencia empírica que tenemos en los últimos años responde rotundamente que no. Los cordones ya no son la regla europea. Tenemos ya muchos países que a nivel nacional, regional o local han integrado a la extrema derecha en las instituciones. Incluso en los países nórdicos. Ya son habituales”.

Al hilo, el politólogo hace una reflexión: “Los cordones sanitarios se crearon en la mitad del siglo XX, en plena construcción de la UE, ante partidos extremistas. Y lo que funcionaba en el siglo XX no tiene por qué funcionar en el siglo XXI. Tenemos una demografía distinta y un contexto histórico y político cambiado. Hoy en día los mensajes son distintos, especialmente entre los jóvenes que no han vivido bajo la sombra de la II Guerra Mundial y el auge de los fascismos. Hay que tener en cuenta el cambio en el ecosistema de los medios y en la manera de informarse con TikTok e Instagram, que ayudan a la difusión de las ideas ultras”.

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Asimismo, indica que los cordones sirven para frenar el ascenso de la ultraderecha al principio del fenómeno: “Para cortar la hemorragia antes de propagarse”. “En el momento en el que la extrema derecha está bastante asentada electoralmente los cordones no funcionan”. ¿Pueden incluso los cortafuegos hacer que crezcan los ultras? “En España podría pasar con una gran coalición, aunque creo que no se materializará. Los cordones tienen el peligro de dejar a la extrema derecha como una alternativa frente a un Gobierno que representa al establishment. Legitima su posición de alternativa. Pero cada país es un mundo”, concluye el politólogo.

"Se han mostrado ineficaces"

Sobre estas ideas reflexionaba también esta semana en infoLibre la politóloga Cristina Monge, que analizó los resultados en Alemania remarcando que la ultraderecha es la gran beneficiada cuando consigue marcar la agenda con temas como la migración. Una de sus ideas es que al “normalizar e incluso coquetear con las ideas de su extremo” la CDU ha hecho que AfD pasara a ser una opción “razonable para no pocos simpatizantes habituales de la derecha”.

Y extraía Monge esta conclusión al calor de los datos de la noche electoral: “Los cordones sanitarios, una vez más, se han mostrado ineficaces. Si bien consiguen que la ultraderecha no entre a gobernar, no impiden que los conservadores –u otros partidos– le compren el relato y las políticas, y lo más grave: ayudan a construir su discurso de que son algo distinto, lo que en tiempos de desconfianza institucional les cosecha buenos apoyos”.

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