'Supercalifragilisticoespialidoso'

Hay un sector de la izquierda que parece vivir al margen de la realidad, y en lugar de afrontar los problemas que forman parte de ella se queja desde la distancia de que la realidad sea de ese modo. 

Quizás no entiendan que cualquier situación enraizada en los elementos sociales y culturales que se quiera erradicar pasa por la transformación, es decir, por hacer que la gente que ahora ampara esa situación deje de hacerlo para que no haya espacio para ella, y piensan que la realidad se puede cambiar por sustitución o suplantación, como si se tratara de un simple cambio de decorado. Y la realidad, como demuestran la historia y todos los logros que ha conseguido la izquierda comprometida, no funciona así. Los derechos laborales, los propios Derechos Humanos, el bienestar social… no se han conseguido con “diplomacia”, sino con reivindicaciones, movilizaciones y huelgas que han llevado a leyes que obligaban a quienes no los reconocían.

El ejemplo de esta situación lo vemos ahora con el rechazo desde ese sector de la izquierda a que la UE tenga un sistema de defensa capaz de responder a amenazas tan objetivas y reales como la que Putin ha generado con su guerra contra Ucrania.

Pero no es la única situación en la que se posicionan de ese modo, sino un ejemplo de su actitud ante la realidad para mantenerse al margen de ella. Por eso adoptan una estrategia similar frente a otros problemas, como ocurre con el rechazo a las penas, especialmente cuando se trata de delitos contra las mujeres, hablando de un “punitivismo mágico” en quienes regulan los delitos con sus penas correspondientes, pero olvidando que más mágico es el antipunitivismo cuando la sociedad no lo comparte ni existen recursos para que se puedan aplicar alternativas. O como sucede ante algunas de las consecuencias que el machismo produce sobre las mujeres, como ocurre con la prostitución, los vientres de alquiler e incluso las medidas contra la violencia de género. Desde estas posiciones se oyen voces que hablan de la libertad de las mujeres para elegir, sin pararse a pensar en la imposición que la cultura machista crea a través de su normalidad y en cómo influye sobre sus decisiones.

Da la sensación de que piensan que los problemas que hemos comentado, y muchos otros más, son una especie de error al margen de la voluntad de quien crea esas situaciones para beneficiarse de ellas. O sea, como si Putin no supiera lo que hace al invadir Ucrania, ni los hombres cuando consumen prostitución, maltratan a una mujer o la contratan en condiciones de mayor precariedad.

Para este sector de la izquierda la solución está en abstraerse del problema para plantear que la realidad y sus elementos tendrían que ser de otro modo, y proponen que la guerra se resuelva con diplomacia, la prostitución presentándola como una opción más al margen de su significado sobre la cosificación de las mujeres, y la violencia como un conflicto más de la relación de pareja.

El escenario internacional requiere contar con una capacidad de defensa que evite la expansión de quien se comporta como un tumor que quiere invadir todo el territorio democrático para imponer su modelo

Un ejemplo del significado y lo inconsistente de esa actitud lo podemos ver si llevamos ese planteamiento a la medicina y la salud. Desde la medicina se prefiere prevenir antes que tener que actuar terapéuticamente sobre una enfermedad, cuando hay que tratar se anteponen la medicación y otras medidas a la cirugía, y cuando se recurre a la cirugía se busca producir el mínimo daño. Pero si la situación clínica lo requiere no se duda en extirpar un órgano o amputar un miembro, siempre con el consentimiento del enfermo, como parte de la responsabilidad de quien tiene el objetivo de recuperar la salud de esa persona. Nadie puede deducir de lo anterior que la cirugía está desarrollada por profesionales violentos que buscan herir a las personas enfermas. Ni creo que tampoco nadie dedujera que quienes se dedican a la cirugía sean “belicistas de la medicina”, y que pedir más hospitales y quirófanos es “rearmar” esa “violencia quirúrgica”. Sería absurdo.

Pues igual de absurdo es que ante un problema social que requiere una medida trascendente, como ahora lo exige la situación internacional en manos de Putin y DJ. Trump, la solución sea que hay que recurrir a la diplomacia. Toda la fase anterior a la invasión y tras el comienzo de la guerra la diplomacia ha estado trabajando, pero cuando una de las partes ya ha demostrado que no quiere esa vía y continúa con la violencia de la guerra, también hay que tener una posición negociadora proporcional que permita que la diplomacia resuelva el problema, pues ninguna guerra acaba por aniquilación de una de las partes. Y menos aún la solución es argumentar que las cosas no deberían ser de ese modo. Volviendo al ejemplo de la medicina, cuando nos encontramos ante un cáncer de pulmón que requiere una extirpación de una parte importante de uno de los pulmones, la solución no es decir que la persona no debería haber fumado. En ese momento el problema es el cáncer, no el tabaco. 

Y el escenario internacional requiere contar con una capacidad de defensa que evite la expansión de quien se comporta como un tumor que quiere invadir todo el territorio democrático para imponer su modelo y beneficiarse de toda esa situación a costa de la salud de los territorios invadidos.

Creer que basta con abstraerse de la realidad y plantear que las cosas deberían ser de otro modo es pensar en el efecto que veíamos en la película Mary Poppins con la palabra “supercalifragilisticoespialidoso”, y creer que su simple pronunciación ya permite resolver el problema.

La vida no es así. Todos compartimos la posición teórica, pero cuando se está ante los problemas enraizados en una cultura androcéntrica que busca el poder sobre la opresión de los otros, lo que se requiere es una transformación de la sociedad donde estos problemas anidan y se repiten. Y para lograrlo hacen falta medidas que de manera progresiva y progresista dejen atrás los valores, ideas y circunstancias que los ocasionan. No hay magia, hay trabajo y acción social para conseguir esa transformación y crear un modelo de sociedad definido por otra realidad. Hoy no existe ese modelo de sociedad alternativo, sólo medidas, a veces enfrentadas, como vemos, para responder a las consecuencias negativas del modelo androcéntrico, por eso una parte importante de la sociedad encuentra amparo y refugio en el modelo conservador, porque al menos perciben un modelo de sociedad.

Una pregunta final, quienes desde la izquierda están en contra de mejorar la defensa de la UE, ¿habrían mejorado la capacidad del ejército constitucional republicano ante el golpe de Estado de 1936, o habrían propuesto “diplomacia” frente a los tanques franquistas?

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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

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