Aumentan los profesores que quieren abandonar: el alumnado es más complejo y sufren más precariedad

Varios niños en el Colegio de Amparo Albau en Alaquàs, en Valencia.

"El agotamiento es generalizado". Albano de Alonso Paz es profesor de Lengua y Literatura y director de un instituto público de Tenerife. Se dedica a ello desde hace 18 años y pertenece, además, al Colectivo DIME de Docentes por la Inclusión y la Mejora Educativa. Descuelga el teléfono para hablar con infoLibre y es muy claro y tajante: cada vez es más complicado dedicarse a esta profesión. Lo ve también en sus compañeros. Manuela Pérez-Masedo imparte Historia en un colegio de Madrid y, como miembro también del equipo directivo, observa lo mismo. "Cada vez tengo a más personas de baja y cada vez me cuesta más sustituirlas. La gente está completamente desmotivada", lamenta.

No son pocos los informes que suscriben estas palabras. No son, ni mucho menos, testimonios excepcionales. El último documento en hacerlo es el que publica este martes EsadeEcPol, que lleva por título El estado de la profesión docente en España y llega, tras el análisis de distintas encuestas, a una conclusión clara: "Está surgiendo una creciente desafección y pesimismo en una parte importante del profesorado". Los datos no dejan lugar a dudas. La Fundación SM reveló el año pasado que un 38% de los docentes dice vivir su trabajo con indiferencia, algo que en 2007 no lo pensaba más del 2%. Hace 15 años un 78% rechazaba tajantemente la idea de abandonar, pero hoy un 47%, casi la mitad, se muestra indiferente a esa idea. Sólo un 24% mantiene la ilusión. En 2007 lo hacía el 60%.

Hace menos de una semana la misma organización publicó otro estudio en colaboración con la ONG Educo en cuya presentación estuvo, además, Pérez-Masedo. La organización también llegó a conclusiones poco esperanzadoras: el deterioro emocional en las escuelas es "alarmante". Por parte de los docentes y por parte, también señaló esta investigación, del alumnado. Las cifras vuelven a ser claras: el 39% del profesorado muestra síntomas compatibles con la ansiedad y la depresión, según SM; mientras, un 20,8% de los adolescentes manifiesta algún problema de salud mental, según en este caso Unicef. 

La pregunta tras los números es obvia: ¿qué está pasando?

Un alumnado cada vez más "complejo"

El estudio que publica EsadeEcPol este martes señala de manera clara un factor que está siendo determinante en este cada vez mayor "cansancio" del profesorado: su compañero de aula. En concreto, su cada vez mayor "complejidad", apunta el estudio. "La infancia en España está cambiando y esto se presenta en la escuela siendo, cada vez, más demandante con ella y con los docentes", explica al otro lado del teléfono Lucas Gortazar, director de Educación de Esade y autor del informe. 

También apoya su afirmación en datos. En concreto, en los que muestran "el declive de las condiciones sociales" de los más pequeños. Son varios.

Por un lado, apunta el estudio, es clave el incremento del alumnado de origen migrante, que supone ya un 32,1% del total en Primaria (era un 21,5% en 2015) y un 15,1% en Secundaria (era un 12% hace diez años). Como se ha demostrado en numerosas ocasiones, estos niños y niñas pertenecen a entornos más vulnerables e, inevitablemente, con más dificultades educativas. Para muestra, lo que reveló un análisis de los resultados de PISA de Esade y Save The Children: si eliminamos el nivel socioeconómico de la ecuación, el rendimiento del alumnado nativo es 32,5 puntos mayor al del migrante.

Más allá del origen, el estudio de EsadeEcPol apunta también al incremento de la pobreza infantil, que experimenta un aumento constante desde el año 2017. En concreto,la proporción de menores en pobreza o exclusión creció de un 29,9% en 2018 a un 34,7% en 2023. Y hay un dato revelador: los niños y niñas de 0 a 16 años que no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado en los últimos dos días se duplicó entre 2019 y 2023.

Pero es que además hay "una crisis de bienestar y salud mental reciente que traslada a la escuela una nueva generación de retos asociados a la tarea de educar". Según el análisis del informe PISA que realiza Esade, el porcentaje de niños y niñas de 15 años insatisfechos con la vida ha pasado de un 9,5% en 2015 a un 14,6% en 2022. Los que sienten ansiedad más de una vez por semana, además, se han duplicado en tan sólo cuatro años: el 11% de 2018 se convirtió en un 20% en 2022.

Todo esto ha traído una clara consecuencia: que el "clima de aprendizaje ha empeorado significativamente". "En España, por ejemplo, tenemos más repetidores que la media de la OCDE: 0,7 veces más en Primaria y 5,6 veces más en Secundaria. Dicho de otro modo: un 10% de los menores de 15 años en nuestro país son repetidores", señala Cynthia Martínez-Garrido, profesora de Métodos de Investigación en Educación en la Universidad Autónoma de Madrid. La consecuencia de todo ello es clara, remata: un docente sólo, sin apoyos, no es capaz de afrontar todo eso. Porque "atender a un alumno repetidor no consiste en explicarle las cosas dos veces", señala la experta.

Condiciones enquistadas

Alonso de Paz lo ve en el día a día. "Cada vez tenemos que asumir más funciones para las que no estamos preparados ni formados. Ahora también nos encargamos de la atención social y emocional del alumnado", lamenta desde el otro lado del teléfono. Y eso produce un hartazgo evidente, "sobre todo de los docentes que más comprometidos están con su labor. Eso es lo más preocupante", advierte.

Coincide con el informe de Esade en que la causa está en esa complejidad del aula, pero no sólo. Pone un ejemplo: hace 20 años enseñaba Lengua a una treintena de alumnos y alumnas, hoy lo hace con entre 20 y 25, pero mucho más heterogéneos y con necesidades cada vez más diferentes. Ahora, por ejemplo, enseña castellano a varios menores migrantes llegados en patera a Canarias. "Tengo menos que hace años, sí, pero no han bajado lo suficiente. Lo ideal es poder atender a menos de 20 estudiantes", reclama en conversación con infoLibre.

Y ya no es sólo eso. Según menciona también este profesor, las labores burocráticas cada vez ocupan más tiempo, llegando incluso a suponer trabajo fuera del horario docente. Pérez-Masedo coincide con él. "La carga administrativa es brutal. Abrir por ejemplo un protocolo por bullying lleva tanto tiempo que desatendemos a la víctima, que es a lo que tendríamos que dedicarnos", explica. "No se está escuchando al profesorado. Y hay una cosa clara: hay que desterrar esa idea de que quien es docente lo es por pura vocación, porque la vocación no puede soportar todo", critica Martínez-Garrido.

El informe de Esade también habla de esas condiciones. Menciona los "bajos salarios", que reducen "la atractividad de la profesión". Y Gortazar subraya en este sentido que la entrada en la profesión es lo que resulta especialmente duro. Sobre todo porque esos docentes "menos experimentados y más precarios" suelen recaer en centros con, a su vez, el alumnado más vulnerable.

En concreto, y basándose en datos extraídos del informe PISA, el estudio de Esade concluye que "el 34% de los docentes de los centros pertenecientes al cuartil más bajo llevaban menos de tres años trabajando en el mismo lugar, cifra que se reduce al 15% en el cuartil de mayor nivel". "En resumen", sentencia el estudio, "la concentración de interinidad docente en centros vulnerables se ha convertido en uno de los grandes lastres de la escuela pública para la equidad y la eficiencia".

¿Cuál es la solución?

Según explica Gortazar, las soluciones están claras. Se han identificado varios problemas, así que el remedio pasa por tomar medidas a cada uno de ellos. En primer lugar, señala, hay que intervenir sobre el alumnado, "dejar a un lado el 'café para todos' y apostar por las ayudas individuales". "Hay que apostar por el acompañamiento individual y no tanto por los programas de refuerzo globales", señala.

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EsadeEcPol lo cifra en una inversión de 1.200 millones de euros en un "programa anual de apoyo socioemocional y refuerzo individualizado en matemáticas y lectura para proteger al alumnado y profesorado". "En línea con la inversión de otros países", dice el informe, "es necesario focalizar mucho más el gasto en el alumnado con bajo desempeño o en riesgo de tenerlo".

Además, desde Esade apuestan por "garantizar la estabilidad de los claustros en los centros educativos para mejorar su funcionamiento" y, además, "mejorar la formación pedagógica" incrementando la nota de corte y la media de admisión del futuro profesorado de Infantil y Primaria, ajustando la oferta a la demanda e "introduciendo una prueba de aptitud académica y pedagógica". "Una especie de examen MIR para profesores", resume el experto, que también aboga por "elevar el prestigio y la atractividad del grado de Magisterio".

Por último, subraya el estudio, otra solución es "poner en marcha un sistema de incentivos voluntario que promueva el crecimiento profesional". Más que nada porque la carrera docente es "fundamentalmente plana" desde el punto de vista de los salarios y tiene un crecimiento fundamentalmente ligado a la antigüedad. Y todo eso redunda, otra vez más, en el poco atractivo inicial.

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