Sesión de control en el cadalso

Mercè Carandell

Nada en el mundo me hará comprender que la falta de política de empresarios como Trump y sus secuaces haya secuestrado el mundo y sus avances en derechos sociales… no me extiendo. 

Pero a veces comprendo a los jóvenes y no tan jóvenes que, asqueados de lo que ven, no opten por tener una postura política y voten de acuerdo. No son tontos, pero se hinchan de ver tonterías.

¿Cuántos días hace que hablamos del salario mínimo? ¿En cuántos programas y tertulias de los medios han salido siempre diciendo lo mismo?

¿De verdad es tan importante una equivocación del Gobierno de cargar veinte euros de IRPF a algunos de los beneficiados? Para mí ni de lejos. Pero, vaya, para no ser menos, analicemos lo que ha pasado.

En un extremo del ring, una Yolanda Díaz con ganas de ayudar al pueblo, pero, también, con ganas de dejar bien claro que es ella, ella, ella, la amiga de los obreros. 

En el otro, María Jesús Montero que quizá no ha oído la sacrosanta ley de Díaz. 

Sea como fuere, es imperdonable que en lugar de tener un cuadrilátero en Ferraz, se lo lleven a esa especie de Gallinero que algunos ilusos llaman Congreso de los Diputados. Porque ahí, en vez de ser protagonista la ley, el protagonista es el público. ¡Y menudo público! Está insatisfecho con sus vidas y pide por lo que más quieran sangre con linchamientos violentos. 

Lo importante es dar garrote a quien sea y mirar cómo agoniza en público sin el menor recato. ¿Y quién gana? Pues el que más gente lleva al cadalso

No depende de la ley que se vote: es lo que reclaman los representantes del pueblo, y el pueblo con ellos. Da igual que mejoren las cosas, da igual la culpabilidad o la inocencia del reo. Lo importante es dar garrote a quien sea y mirar cómo agoniza en público sin el menor recato. ¿Y quién gana? Pues el que más gente lleva al cadalso. 

Todo eso tiene un precio: la desafección por la política que nos puede llevar a dictaduras con tal de que nos den lo único que queremos: PANEM ET CIRCUS

Me alegro de que en el parlament de Catalunya, que se había convertido en uno de los más famosos manicomios, ahora mismo reina la paz. Nuestro president odia los espectáculos y le preocupa que la gente esté mejor.  Quiero ponerlo en valor para que sirva de modelo.  

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Mercè Carandell es socia de infoLibre.

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