Trump tiene más imágenes para nosotros

De la secuencia en la que Trump humilla a Zelenski hay un detalle que ha pasado desapercibido. Da por terminada la discusión, fuera de tono y lugar, con esta frase: “Tengo que decirles que esto va a ser un gran momento televisivo”. Lo suelta con una sonrisa y ante un Zelenski con la cara totalmente desencajada tras haberse visto acorralado, humillado y amenazado por dos señores que, más que políticos en un encuentro diplomático, parecían matones de discoteca. 

Esta frase, aparentemente inocente, constata que aquella escena insólita del viernes en el despacho oval estaba mucho más guionizada de lo que podríamos pensar. Al principio, el vicepresidente Vance era el poli malo. Inicia frontalmente los insultos a Zelenski y le acusa de ser un desagradecido y un irrespetuoso. Trump se presenta todo el rato como un héroe y el único líder capaz de detener la guerra entre Rusia y Ucrania.

Lo cierto es que la forma de tratar a Zelenski, a quien exigían sumisión y pleitesía, estaba perfectamente orquestada desde que se baja del coche. En ese momento, Trump empieza el show y se burla de él delante de las cámaras. “Hoy está muy elegante”, comenta sarcásticamente a los medios de comunicación que grababan este primer apretón de manos. Se burlaba de su forma de vestir, un sencillo suéter negro, en lugar de un traje.

Con la escena de Trump y Zelenski en la Casa Blanca, se acaba de estrenar el ‘reality show’ de una nueva era. El fin del atlantismo

Desde que ha vuelto a la presidencia, todo lo que hace Trump forma parte de un reality show pensado para mostrar su inmenso poder ante los ojos del mundo. Durante la discusión, había momentos en los que, incluso, se saltaba la cuarta pared, ignoraba a su homólogo, miraba directamente a las cámaras y les decía a los periodistas: “¡Va a ser muy difícil hacer negocios de esta manera!”.

¿Quién en su sano juicio bromearía con que la reunión ha sido un gran momento televisivo si realmente se le hubiese ido de las manos? ¿A qué líder mundial se le escaparían sin querer las palabras “tercera guerra mundial”, con todas las consecuencias geopolíticas que pueden tener, si no es de forma premeditada? ¿Qué tipo de presidente levantaría la voz y el dedito acusador si no es porque quiere que lo capten todas las cámaras que le rodean? 

Donald Trump está llevando al límite una de las directrices de su exasesor y gurú del trumpismo Steve Bannon: inundar el debate público con ruido y barbaridades, sin intermediación, para fomentar su exposición mundial y generar desconcierto. Esta semana, por ejemplo, iba un paso más allá, y entregaba unos documentos secretos de la red de tráfico sexual de Jeffrey Epstein a creadores de contenido e influencers conservadores en lugar de a periodistas. 

Con esta escena, se acaba de estrenar el reality de una nueva era. El fin del atlantismo. La voladura del orden internacional de 1945. El debate en el orden geopolítico ya no es izquierda o derecha sino la defensa de la democracia frente al autoritarismo más reaccionario. Trump está documentado todo en directo como si estuviese en The Apprentice, el reality show que presentó durante catorce temporadas en la NBC. Y estoy segura de que, como en La isla de las tentaciones, tiene muchas más imágenes para nosotros.

Más sobre este tema
stats