Patriotas contra España

La patada en el tablero político que ha supuesto la victoria de Donald Trump no ha dejado a nadie en su sitio. La alianza euroatlántica vigente desde la II Guerra Mundial ha saltado por los aires y en esta parte del Atlántico las contradicciones se multiplican. Quien no acierte encontrando su sitio estará condenado.

Vistas las cosas con perspectiva, la decisión es de lo más sencilla: si quieres defender a España, no puedes estar con Trump. Con ese Trump que amenaza con poner aranceles al campo, al aceite, al jamón, al acero, al aluminio y a todo producto español (y europeo), que ningunea a nuestros representantes, que nos confunde con países BRICS… Solo por esto, por defender a España de las amenazas de Trump, ya estaría justificada la posición contraria. Y como las buenas decisiones políticas, sería fácil, muy fácil de explicar.

Sin embargo, algo debe de pasar para que no esté siendo así. El líder de Vox, Santiago Abascal, hincha el pecho al ser saludado desde el escenario por Trump –apenas una mención, nada más–, los ultras no dudan en justificar y defender las políticas que llegan de la Casa Blanca, incluso la humillación a la que el estadounidense sometió a Zelenski el pasado viernes, y no dudan en ponerse de parte del emperador si con eso critican a los mandatorios europeos. Calcula Abascal que eso le otorga un espacio propio, pero, ¿que dirá a las agricultores, a esos que dice defender frente a los woke si llegan a aplicarse aranceles a sus productos? A ver si al final van a ser los woke los que van a defender el campo, la industria y la economía española del castigo que los neorreacionarios les quieren dar.

La sociedad española necesita entender bien el momento en el que estamos y los caminos por los que se puede optar. Y de paso, comprobar, desde la tribuna de oradores, qué patriotas están con España o contra ella

Tampoco lo ha tenido tan claro la otra derecha, la institucional, la conservadora de toda la vida. Tuvo que salir FAES, la fundación liderada por Aznar, a decirlo así de claro. “Anda el trumpismo patrio hecho un mar de dudas. Lógico: así, a simple vista, no parece muy patriótico ni de derechas aplaudir aranceles de represalia contra productos españoles; tampoco secundar –por activa o pasiva– la victoria de un ex coronel del KGB. Confundir la Rusia de Putin –una cleptocracia mafiosa– con el cumplimiento de las promesas de Fátima es tan pintoresco como fiar al cliente de Stormy Daniels la restauración de la moral tradicional.” Y continúa: “La convención de Washington ha tenido de “conservadora” lo que el Palmar de Troya tuvo de católico. Hemos visto un conciliábulo donde se levantan muchos brazos: para rendirse a la Santa Rusia o para presumir de provocación gamberra.”

Días antes, en las filas conservadoras llovieron las críticas a Esteban González Pons por aludir en este artículo de opinión en Las Provincias a Trump como el “ogro naranja”. Oficialmente, la dirección del partido se distanció y Esperanza Aguirre fue más allá arremetiendo en declaraciones públicas contra el eurodiputado popular. Hasta hace pocos días, los populares han callado respecto a las políticas que llegan del otro lado del Atlántico, pese a que sus colegas europeos no han tenido tantas dudas. Todo vale contra el gobierno de Sánchez, aunque suponga salir en la foto cerca de Trump.

Así las cosas, y teniendo en cuenta cómo se está endureciendo la situación en Ucrania y las repercusiones que esto tiene sobre el conjunto de Europa, no se entiende que no se haya convocado aún por parte del presidente del Gobierno un pleno extraordinario para explicar las conversaciones que se van avanzando en la Unión Europea y valorar las posiciones a tomar. La sociedad española necesita entender bien el momento en el que estamos y los caminos por los que se puede optar. Y de paso, comprobar, desde la tribuna de oradores, qué patriotas están con España o contra ella.

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